HAZME TUYA

Aquí estoy, atada a la cruz de San Andrés, desnuda excepto por unos zapatos de tacón de color fucsia, con mis ojos tapados con un antifaz y el aliento de mi hombre recorriéndome el cuerpo. Siento la humedad cálida en mi cuello, bajo mi oreja, en mi pecho, mi pezón se pone erecto cuando su respiración se acerca. Deseo sentir su boca en él pero no llega a tocarme. Eso hace crecer mi excitación. Mis piernas están abiertas, atadas, mis rodillas flaquean necesitando contacto pero, no lo tengo. No me toca, sólo lo hace con su hálito. Me estremezco. La humedad empieza a manar de mi coño, no tardará en recorrer mi entrepierna. La piel está erizada, permanezco alerta, no puedo ver y estoy en un sitio desconocido para mi. Cualquiera puede entrar en cualquier momento y oigo voces. 

Mi boca está entreabierta, esperando un beso, un roce, una señal. Se acercan unos pasos hacia nosotros. El hombre que tengo al lado deja de respirarme, noto que se dirige a quien se ha acercado. ¿Hablan por señas? No oigo nada pero siento movimiento a mi lado. ¿Quién está ahí?, pienso. ¿Es un hombre o una mujer? ¿sólo hay una persona? 

Entonces mi piel se percata de que hay dos alientos en ella, uno a la izquierda y otro a la derecha. Ya no se quién es quién. El de la derecha acerca su mano al pubis, atacando con sus dedos por delante y tocando enseguida mi clítoris hinchado y deseoso de roce. Su exclamación hace eco en toda la estancia cuando nota mi humedad. Reconozco a mi hombre. Está introduciendo sus dedos en mi mientras su acercamiento permite que su polla toque en mi pierna sintiéndola muy dura. 

No me puedo recrear mucho en ese sentir porque noto una boca en mi pezón izquierdo. Lame, chupa, sorbe, succiona y una mano agarra mi otro pecho pellizcándomelo suavemente. Esa mano baja poco a poco para incorporarse al tocamiento de mi coño. Tengo dos manos en mi chorreante órgano y ahora otra boca en mi otro pezón que ha quedado libre. Esa mano recién aparecida permanece en mi clítoris realizando tocamientos circulares mientras los otros dedos maestros van a provocar que chorree literalmente de placer.

Voy a contenerme, quiero sentir este placer un poco más aunque, me estoy volviendo loca. Mis jadeos y gemidos rebotan en las paredes de la habitación y cada vez son más sonoros. Estoy subiendo el nivel, me hacen subir el nivel. Me tocan donde más placer reconozco. En mi se liberan pequeñas cápsulas que van explotando de gusto en cada poro de mi piel. Cuando mi cuero ha reconocido el éxtasis, dentro de mí sucede lo mismo, creándose una gran bola de gusto que comienza en el interior de mi coño, sigue en mis pezones y hace que se abra la presa de mi goce. 

Un gran charco bajo nuestros pies refleja la X en la que estoy atada.