1574. HOGAR, DULCE HOGAR
Maria Just Pérez | Grëska

Joder, Nacho. ¿Pero tú te has visto? No, en serio. Fíjate bien. Estás pa’ untarte en guacamole. Tan solo una insensata rechazaría a semejante criatura esculpida por los dioses. Y ojo, que no lo digo por decir; para nada soy el reflejo que te devuelve el mugroso cristal del ascensor, mientras el crío del 3º B observa con vergüenza ajena el espectáculo. Da gracias a que nos haya salido antisistema y se limite a guardar en el bolsillo la mano con que no sujeta el pan, porque llega a agarrar el móvil como buen soldado de la generación X y te digo yo que el discursito motivacional acaba en trending topic. En fin, lo que hace el miedo, ¿eh? Claudia te adora, y lo sabes, pero basta un escenario mental de lo más fugaz para que tu férrea seguridad se tambalee. Va, relájate. Inspira, expira y desfila, que ya estás en el quinto rellano.

Hogar, dulce hogar. Qué frío hacía en Noruega, coño. ¿Deshago la maleta? No, mejor la guardo en la habitación, que la velada no se prepara sola. Espera. ¿Eso es el ruido de la ducha? Pero si hoy le toca yoga hasta las nueve. ¿Qué hago? ¿Me voy? Aunque le encanta el sexo bajo el agua. A la mierda, cambio de planes. La sorprenderé con un buen polvo de bienvenida. Vale, listo. Todo fuera. Hostia, las gafas. Ahora sí. Más ciego que un topo, pero con la visibilidad justa para cumplir la misión exitosamente. Allá voy. Corro la cortina. Meto un pie. Ahora el otro. Claudia está de espaldas. Se me acelera el corazón. La abrazo tiernamente por la cintura y le susurro al oído:

– Hola, cariño.

– ¡Ahhhhhhhh! ¿Pero qué haces? ¡Suéltame!

No puede ser. No, no, no. Mierda. Esa voz… Salgo escopeteado de la ducha.

– ¿Blanca?

– ¡Sí, por desgracia, tu suegra!

– Pero… pero… ¿qué haces aquí?

– Hoy, sin previo aviso, nos han cortado el agua a medio barrio. Para colmo, esta noche asisto a una cena de gala, así que Claudia me ha ofrecido que venga aquí a ducharme. ¿Y tú, no volvías mañana?