381. ¿ HOLA?¿PERDONA?¿DISCULPA?
RAQUEL CORRALES UCAR | Kela

Me mudé a Donosti y no sabía qué secuelas acarrearía aquello. Ya había vivido sin nadie en Pamplona, pero aquello era un nuevo reto para mí. Llevaba seis meses viviendo en aquella ciudad. Sola, sin amigos, sin familia. Preparada para nuevas experiencias. Mismo trabajo, distinta ciudad. Mismas cualidades, diferentes ambientes. Mucho por descubrir y nada por temer. Tan solo estábamos el mar y yo, yo y el mar. Y allí, en la playa, fue dónde las conocí. Algo mayores que yo, pero con un espíritu mucho más jovial que la mayoría de jovenzuelas que se paseaban en top less por la zurriola. Aran era rubia natural, Cris tengo mis dudas. Ambas lucían tipazo en bikini, sin nada de grasa, la envidia de chicas como yo que retenemos líquidos por doquier. Su desparpajo me fascinó desde el minuto cero. Naturales y risueñas, cualquier rato junto a ellas tenía las risas aseguradas. Pronto hicimos buenas migas. Quedábamos todas las tardes de agosto para pasarnos vuelta y vuelta en las toallas. Bueno a decir verdad, usábamos pareos enormes para evitar el contacto con la incómoda arena. Nos sorprendió que David usara un filtro . A día de hoy aún no sabemos como usarlo. Se trata de una lámina porosa que al parecer filtra la arena de tu toalla, pero insisto, desconocemos su uso puesto que nos quedamos tan sorprendidas de aquello que aún estamos en shock. Algo parecido nos pasó a Cris y a mi con un grifo. Si, un grifo de agua. Resulta que hicimos una cena en la sociedad de David ( el del filtro de la toalla) y al ir a beber agua fuimos incapaces de abrir el dichoso grifo. Era un sofisticado y moderno aparato que para abrirlo debías pulsar con la rodilla en una placa inferior. Las dos como tontas pensamos que sería automático, es decir, que existiría algún sensor de movimiento que lo accionaría. Pero no. Estuvimos como diez minutos intentando abrirlo hasta que alguien nos chivó su uso.
Una tarde de aquellas, apareció Arantzazu, otra chica del nuevo grupo. Parecía muy nerviosa, no atinaba a articular palabra.
– ¿ Qué te ocurre nena? – preguntó Cris sin miramientos.
– He visto una escena extraña chicas. Bajaba por las escaleras en dirección a las taquillas y me he cruzado con un tío con un cuchillo en la mano.
– Vaya. Puede que fuera a pelarse un melocotón. No le des importancia.
– Si, porque pelársela con el cuchillo en la mano no creo. Jajaja.
– Que basta eres Raquela.
– No se, era bastante grande – dijo Arantzazu.
– ¿ Él o el cuchillo?- Le pregunté yo.
– Joder, el cuchillo, claro.
– Bueno. Lo que nos faltaba. ¡Psicosis en la zurriola! – Cris se reía a carcajada limpia mientras se liaba su cuarto cigarrillo de la tarde.
– Si, bueno, reíros, pero andaros con ojo y vigilad los bolsos. Luego no digáis que no os advertí.
– ¿ Hola?¿Perdona? ¿Disculpa? Esto es Donosti tía, nada malo puede pasar.