1392. HORAS EXTRA
Daniel Romero Armas | Poe

Se acercaba de manera inexorable la época de más faena en la fábrica. Los martillazos y el sonido del taladro se mezclaban con las risas de los alegres trabajadores hasta que se escuchó una lapidaria frase a voz en grito. La vehemente exclamación cayó como un jarrón de agua helada. El sempiterno coro de voces que solía murmurar por los rincones se detuvo en seco. Las máquinas se detuvieron y un desgarrador silencio se apoderó de la enorme sala. Un desconcierto generalizado podía leerse en los ojos de los presentes. Hombres y mujeres incapaces de comprender lo que estaba sucediendo.

Un valiente joven fue el único que se atrevió a dejar su puesto. Caminó con paso audaz hasta el despacho del jefe. Su traje verde de faena se movía impulsado por las decididas pisadas.

⸺ ¿Cómo que odia su trabajo? ⸺preguntó asombrado repitiendo la feroz queja lanzada⸺. Discúlpeme, pero eso carece de sentido. Usted es el jefe. No lo entiendo.

⸺ ¿Qué parte es la que no entiendes? ¡Odio mi trabajo! ⸺Repitió⸺. Es más, lo odio de una forma que ni siquiera puedes imaginarte. ¿Por qué demonios tendría que gustarme? ⸺preguntó haciendo aspavientos con los brazos y casi escupiendo las palabras⸺. Vosotros estáis muy bien aquí dentro. A mí me toca lo complicado. Mis clientes son unos irresponsables que exigen mucho más de lo que se merecen y no son capaces de perdonar ni el más minúsculo fallo.

» Siempre me toca hacer horas extra que no me han pagado nunca jamás. El vehículo de empresa, por llamarlo de alguna forma, que ponen a mi disposición tiene más años que yo, que lamento decir no son pocos. No he visto en toda mi vida al dueño de este negocio y además, siempre me toca pringar a mí en Navidad. A nadie más. Siempre a mí. ¿Lo entiendes ahora o no? ¿Por qué me miras así? ⸺preguntó al ver que el joven no reaccionaba.

⸺ ¿Estás borracho, Santa Claus?