410. IDIOMATÍAS
ALIRIO ALBERTO HERNÁNDEZ ROJAS | GALILEO ISAAC

Vocales con rostros lastimeros hicieron brotar de la nada consonantes acrisoladas en un epígrafe. Oraciones tónicas se confundieron con la panegírica atonía, de una sintaxis sin florilegios ni reveses. Las paráfrasis juguetearon con metáforas sin vestido, ni lienzos con predicados, ni sujetos deshechos. Las jóvenes entelequias desquiciaron sus sentidos y se mostraron celosas de la diéresis de la vergüenza. En omisos circunloquios narcotizados por la dialéctica, los hiatos se resguardaron ante el arribo belígero del diptongo. La lingüística preconizó parabienes a las elipsis de los epílogos, ante la exégesis de un eufemismo al borde de la vida. Los exordios se confundieron vivaces con aturdidas galimatías, y acepciones lexicales se espantaron ante el arribo de la cruel morfosintaxis. Los neologismos se retorcieron de paralelismo, ante las peroratas de polisemias urdidas en semántica métrica, grave o llana. Las oraciones se confabularon con las palabras pleonásticas, para que estas convencieran a las letras de no aceptar tildes obesas. Una aguda tuvo un lindo bebé de una esdrújula descarriada, mientras la fonética y la prosodia saboreaban con redundancia, un manjar de caracteres etimológicos con parábolas de postre. Punto y aparte asestó un puñal de envidia a punto y seguido, cuando la cacofonía secuestró a punto y coma por error. Pensó que se trataba de punto y final, sin puntos suspensivos, cuando la literatura pagó su rescate con rimas y sinalefas. La envidia de los paréntesis con sus corchetes, produjo un gerundio infinitivo de adverbios y predicados. Los verbos apareados con la ortografía entre comillas, sedujeron a sujetos con morfología semántica y retórica. Lenguajes y prosas resguardados en la conjugación de una coma, se fundieron en dulce abrazo con sintagmas y sustantivos. Los pronombres y los artículos desistieron de la prosopopéyica pasión habida, producida por signos de admiración y dos puntos. La filología – como siempre – presuntuosa y muy ufana, salió al ruedo junto a pronombres, adjetivos, prefijos, sufijos y preposiciones. El signo de interrogación, sin razón para la soberbia, la secundó con textos plurales y singulares, apóstrofos y guiones, en conjunción con la interjección del orden sintáctico. Al final, las normas transitivas del abecedario, tornaron en repentista facundia decasílaba, la intención consonántica de un tesauro en vías de extinción…