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Anacaona Lora Pérez | Boyero Nos Perdone

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Te recuerdo, no puedo decir que cada vez menos. Simplemente; lo hago. Algunos días; mucho. Otros, poco. De mil maneras ya me conoces. Imaginarás, con acierto, que juro, maldigo, sonrío, deseo tu salud y prosperidad.

Hace meses de la discusión, en el lugar en el que siempre quisimos coincidir;

_ Ojalá, tú y yo allí_ solíamos decir.

Y al fin, en un sitio tan importante y especial para las dos; al mismo tiempo, en el mismo espacio, no se nos ocurrió otra cosa que malentendernos, como siempre y enfadarnos, esta vez, como nunca.

No hubo reconciliación ni el día de tu cumpleaños, por suerte te pilló trabajando:

_ Como más te gusta cumplirlos_ te escribí en el WhatsApp con foto desde uno de los edificios más altos del mundo, donde te propuse acompañarme, dos meses antes.

_Vente conmigo

_ ¡Qué maravilla! No puedo; estaré trabajando. ¿Te imaginas? Tú y yo allí…

_ Me lo imagino… Por eso te lo estoy diciendo.

Qué lejana la felicitación de la complicidad telefónica, sin tiempo para vernos, dos meses antes. Qué atrás, quedaba este agosto, del verano en que nos conocimos, ocho años, hará en tres meses, parece mentira.

No tendría que haber ido ese día y en la puerta, a punto estuve de volverme. Pero, nunca te lo he contado, alguien se empeñó en que entrara… Y allí nos encontramos. Quizá otro día, no se hubiera dado nuestra primera conversación.… Estábamos para ser.

A los pocos meses, te confesé que me encantabas. Si hubieras sido de otra manera.… Si no hubieras buscado las palabras para que tu negativa no me hiriese, te hubiera olvidado al mes. Pero tu delicada respuesta, creo ganó un rincón de mi alma.

No te quería aún de verdad; a pesar de todos tus defectos, no los conocía, el verano siguiente de que el destino nos pusiera frente por frente, tras mensajes, llamadas, por parte de ambas, encuentros casuales en nuestro lugar común, sabiendo tú ya lo que yo sentía; o te daba igual o te halagaba o te encantaba…

Hacía calor ese día y en mi coche fuimos a: _ Ver cosas que necesito para el piso_ Al que te acababas de mudar en mi barrio. Nuestro, a partir de entonces y así espero, secretamente, que siga siendo.

Un carro, pasillos, confesiones, menaje y muebles que no te convencían. Yo andaba con dificultad; mi gordura, acrecentaba la cojera, pero tú me mirabas orgullosa; engrandeciéndome. Unos botes de mostaza y kétchup que me regalaste, en los que tras tanto tiempo meto los bolígrafos y la cena en el Mc Donald, cerraron nuestra primera cita. Pagaste tú.

_ No le gustan las mujeres_ se han hartado de permitirse repetirme todos estos años_ vuestra amistad, es una circunstancia para ella, un castigo para ti.

Se equivocan; nunca tuvimos sexo, ni en los labios besos; no los necesitamos o nos faltaron, como el valor, quizá. Tuvimos más; una primera cita en Ikea.