Imparable. Unstoppable
Miriam Herrán de Viu | DATE ALAS

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Me miré en el espejo por última vez antes de darme el visto bueno. Me había

cambiado ya varias veces de ropa, pero es que nunca me había tenido que arreglar para tal ocasión.

¿Cuál es el look ideal para cumplir, por fin, y más allá de los cuarenta, tu

sueño? Yo no lo tenía claro.

Me rocié de colonia, me sonreí en el espejo del ascensor y unos minutos después estaba bajando las escaleras de la boca del metro repitiendo mis dos

líneas:

—Ey, ¿qué tal? Te noto distinta. —Me subí a mi vagón—. Te noto distinta —repetí

jugando con el tono de voz. No terminaba de pillarle el ritmo a esas tres palabras.

Me bajé en la parada de Goya y subí las escaleras que me sacarían del subsuelo con la banda sonora que me merecía sonando en mi cabeza: «I´m unstoppable today».

—¡Joder, que sí, que lo soy! —me animé a mí misma y asusté a una mujer que

caminaba a mi lado—. Perdón, es que…

Se marchó y me quedé con la necesidad de contarle que estaba a punto de darme la oportunidad que me había negado toda la vida. Incluso había tenido que llamar a la oficina y fingir que estaba en la cama con una gripe espantosa para acudir a mi cita, pero es que no era una cita cualquiera, era MI CITA. La que me cambiaría la vida, porque bien sabe Dios que ese era mi momento, y que la pirueta del destino de la que algunos hablan estaba en pleno vuelo, a punto de caer de pie.

Torcí la esquina y me quedé paralizada ante la larga cola de yos, o de ellas, o de

nosotras. Decenas de mujeres de cuarenta años, morenas y algo más altas que la media, esperaban a soltar la misma frase que yo.

—Ey, ¿qué tal? Te noto distinta —murmuré poniéndome en último lugar. 

Tragué saliva y sonreí fingiendo confianza frente a la espalda de la mujer que tenía delante.

Dos horas de cola después, entré en una sala pequeña, me cegó un foco colocado

delante de mi cara que me impidió ver de quién provenía la voz que se dirigía a mí.

—Dale —dijo.

—¿Ya? —pregunté confusa intentando no cerrar los ojos.

—Dale.

—Ey, ¿qué……

—¿Quién tiene mi puto café? Lo he pedido hace un rato —me interrumpieron.

—¿Qué hago? ¿Sigo?

—Dale.

—Ey, ¿qué tal? Te noto distinta —escupí mal y rápido.

—Gracias. Puedes irte.

Y me marché por donde había venido.

—¿Primera vez? —preguntó una chica algo parecida a mí en las inmediaciones del

lugar.

—¿Tanto se nota?

—La cara de decepción te delata, pero no te preocupes, la peor es la primera.

—¿Luego mejora?

—No, pero te acostumbras.

Y me coloqué los auriculares y busqué a Sia en Spotify y le pedí que, por favor, me cantara algo.

—I´m unstoppable, I´m a Porsche with no brakes, I´m invincible —me susurró al

oído y yo se lo agradecí mientras volvía a casa con la pirueta del destino esa hecha añicos contra el suelo.