1549. INSTRUCCIONES PARA (VOLVER A) REÍR
ÁLVARO MARCOS LANTERO | DJ_SALINGER

Reír es como montar en bicicleta. Requiere coordinación.
Sintonice el dial del alma con el ruido del mundo exterior y permanezca receptivo para detectar los fallos de raccord del intrincado script de convenciones que arman su realidad y garantizan su precario funcionamiento. «Desternillarse» procede como es sabido de «desatornillar»: desmontar por puro placer la tramoya del humano día a día.

En cuanto a la manera correcta de reír, entenderemos cortazarianamente por esto una risa que, sin ingresar en el escándalo de la carcajada, exceda debidamente el tímido y pacato umbral de la sonrisa. Veamos esto con mayor detenimiento.

A partir de una carga cómica x, la línea recta de los labios se dobla como la pértiga de un saltador olímpico, impulsando al ánimo por encima del gris listón del gesto estándar e inexpresivo —tirando a melancólico los lunes por la mañana y la noche precedente—.¬ Superado este limen, los labios ya no pueden regresar a su posición inicial y la boca se abre irremisiblemente, mostrando los dientes, sin que ello implique aquí amenaza de mordisco.

Obsérvese que nada de esto se puede fingir sin incurrir en el peor de los delitos para quienes se tomen en serio la risa: la risa forzada. La risa, si es verdaderamente risa, siempre posee a quien ríe, y no al revés. La risa forzada es fácilmente detectable por razones que competen a la biología evolutiva y el marketing y suele producir tanta vergüenza en quien la fuerza como en quien la observa.

Si, por el contrario, la risa es honesta y, por lo mismo, incontenible e incontrolable, se dilatará el sistema vascular arterial y el rostro y el cuello se ruborizarán por efecto de los capilares dérmicos, al tiempo que los ojos se entrecierran y se activa la glándula lacrimógena induciendo un brillo estelar y sexy en las pupilas. En ese momento, fugaz pero precioso, la máscara se quiebra y emerge, como un relámpago carmesí o el pájaro de un reloj de cuco suizo, la persona.

Simultáneamente, el diafragma se tensa y se afloja, originando dos modalidades principales de respuesta a este fenómeno reflejo: la de quienes, vencidos gozosamente por la hilaridad, dejan caer la cabeza hacia atrás, como si pudieran conectar con el cielo y los mismos dioses; y la de quienes, por el contrario, se doblan hacia delante fijando la vista en el suelo, como si conectaran con las entrañas de la tierra desatando sus fuerzas telúricas (lo que se denomina «partirse la caja de Pandora»).

En ambos casos, conviene aprovechar la circunstancia para expulsar del cuerpo el aire viciado e incorporar aire nuevo, batiendo la mandíbula a punto de nieve sin que el cóndilo se desencaje. (El cóndilo es una articulación, no un ave andina de pequeño tamaño como se ha dicho en alguna ocasión).

Es bendita facultad de todas las risas humanas ser contagiosas. Ello no debe constituir en ningún caso motivo de preocupación, distancia o protección. Se trata del único tipo de contagio recomendado por la Organización Mundial de la Salud.