INTELIGENCIA DE PAREJA
JOSE LUIS GONZALEZ JIMENEZ | LEIVA

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La nueva compañía Couple Intelligence te aseguraba, Javier, una primera cita con la que habría de ser sin duda tu pareja ideal. Presumían de disponer de una robusta base de datos con mujeres y hombres de todas las razas, clases sociales, edades y rasgos personales. Se jactaban de definir perfectamente el perfil de cada uno de sus clientes, de determinar con exactitud sus características, prioridades y predilecciones. Bastaba aportarles una escueta descripción física y sociofamiliar y un breve cuestionario sobre gustos, afinidades y preferencias. Lo infalible era su sistema de emparejamiento. Con soporte en la inteligencia artificial, generaba un algoritmo predictivo absolutamente preciso.



Contratas, Javier, los servicios de Couple Intelligence y abonas en efectivo los cuatro mil euros de su cuota estándar. Es una operación financiera de éxito garantizado. Si la pareja asignada no encaja en tu elección, se reintegra el doble del dinero invertido. Sólo renuncias a tu aportación, si vuelves a tener cualquier contacto con la persona seleccionada. Jamás pudiste atisbar, Javier, manera tan simple de ganar dinero. Reservas para esa misma noche cena con tu esposa, Mónica. Le contarás los detalles de tu rentable inversión y le propondrás gastar los beneficios en una semana de vacaciones familiares por la costa.



Eres feliz Javier con tu modelo de vida, es cierto. Y, sin duda, estás enamorado de tu esposa y orgulloso de vuestro proyecto en común. Ni dos hijos ya mayores, ni el paso del tiempo han borrado en Mónica su atractivo físico. Quizás, su talante positivo y su carácter alegre sean claves para su bella madurez. Por lo demás, es casi total vuestro entendimiento en cuestiones relevantes y compartís las decisiones vitales esenciales.



Pero te asalta también Javier, debes confesarlo, cierta curiosidad por ver qué mujer considera ideal para ti un sistema autómata, neutral, robotizado. Hasta qué punto satisfará tus gustos. Cómo será físicamente tu pareja perfecta. Y ya le supones, Javier, una edad aproximada a la tuya. Y un estilo similar. Empero confías añada un toque más juvenil, un aire menos clásico. Y también una forma de vestir más atrevida, quizás. Y, aunque semejantes, apuestas por ideas y creencias más actualizadas, por costumbres más modernas.



Es sólo una inversión económica, una experiencia sociológica, te dices Javier, frente al espejo. Pero tu gesto alberga cierta expectación, una indisimulada mueca trasgresora. Eliges tu ropa menos clásica. Quieres transmitir un aspecto más informal, un look descuidado. Revisas, Javier, ciertos detalles de tu apariencia. Te reafirmar en tu barba a propósito desaliñada, recortas tus cejas mínimamente perfiladas. Y utilizas el perfume de tu hijo para desprender una fragancia más fresca y desenfadada.



Ya puedes distinguir, Javier, desde lejos, la silueta de tu pareja en el punto de encuentro fijado. Si no fuera por su atrevido peinado y por su ropa juvenil; así, de espaldas, bien podrías haberla confundido con tu esposa. Mónica se vuelve a tu saludo y su cara, más maquillada que de costumbre, refleja su enorme sorpresa. Y siete mil euros se consolidan en la cuenta balance de Couple Intelligence.