1248. INTELIGENCIA EMOCIONAL MASCULINA
Jaime Coronado Rubio | Jaime

Mi novia me había dejado, y dejarlo con tu novia de nombre María es difícil si quieres olvidar rápido, ya que incluyendo las variantes compuestas, hay más de 6 millones de ellas en España . Y viviendo en un pueblo de Teruel lo llevas más crudo aún.
No tenía por tanto muchas opciones efectivas de conseguir pasar página a corto plazo, pero escuché en la televisión a una mujer que decía que difícilmente me encontraría con mi ex si vivía en Madrid, así que aproveché la coyuntura para cambiar de vida. Sin más dilación aterricé en la capital al día siguiente de la ruptura, en busca de mi primer objetivo.
El objetivo no era otro que el que iba a ser mi hogar, un piso en la calle María de Molina, que mi casera me dejó a buen precio.
De camino en el coche estuvieron sonando Andy y Lucas, de los que hacían un programa especial en la radio. Y por primera vez en mi vida entendía cada una de sus letras. No podía parar de cantar a pleno pulmón mientras lloraba a lágrima viva.
Con evidentes signos faciales de haber llorado y estar pasándolo mal, me presenté ante mi casera, que tenía evidentes signos faciales de cabreo debido a la espera.
– Aquí no me empieces a meter chicas que sois todos iguales.
– Descuide, me acabo de separar de mi novia de toda la vida.
– Llámame María y no me cuentes historias. ¿Tenías trabajo no?
Me dieron ganas de reírme pero no tenía fuerzas, le dije que sí y salí a buscarlo.
Tras varios años trabajando en el restaurante de mi padre, supuse no me costaría encontrar. La hostelería tendrá muchas cosas, pero sobretodo lo que tiene son camareros deseando dejar sus trabajos, e incautos queriendo trabajar. Los que entran por los que salen.
Al día siguiente me llamaron de un par de restaurantes, y esa misma noche estaba trabajando.
Rápidamente comprobé en mis carnes la amabilidad de la clientela madrileña. Gente paciente y comprensible, que te transmite sus demandas con educación y de manera calmada, pausada.
Ante tanta amabilidad, no pude menos que desearle a una de estas personas con las que tuve un breve malentendido, que se reuniera con todos sus familiares lo más pronto posible. Y claro, mi jefe de sala no tuvo otra opción que decirme: «Cierra la puerta por fuera, por favor».
Cual Paco Martínez Soria, parecía que ‘La ciudad no era para mí’, y justo cuando me replanteaba el movimiento que acababa de acometer, mudándome a ese núcleo de caos sofocante y desalmado, me llegó un mensaje al móvil.
“¿Dónde estás? Ya volví y no andas por casa”. Era un whatsapp de María, mi ex
“Me vine a Madrid, era muy difícil seguir viviendo en el pueblo y tenernos que ver todos los días”
“¿Qué dices? ¿Compraste todo lo que había pendiente? ” No entendía nada llegados a este punto, el troleo me parecía épico.
“¿Qué hay de aquello de que marchabas porque necesitabas encontrarte con tus amigas?”, le dije.