Intrusiva Mente
Ignacio Parra Vela | Nacho

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Es increíble, Lorena. Después de tres meses hablando por Tinder, ¡por fin hemos podido quedar! Qué simpática eres, y lista. He de decir que, aunque sales guapísima en tus fotos, no te hacen justicia. Un pibón.

Te he traído a este bar al que me gusta venir… ¿te mola? Joder, espero que sí. ¿Y si no? Has puesto una cara rara cuando hemos entrado……

Qué ganas de que llegue la botella de vino que he pedido. Me encanta que bebas Albariño, como yo. Se nota que tenemos cosas en común.

Nos tomaremos el vinito y hablaremos de la vida. Me contarás las cosas increíbles que se te pasan por la cabeza y yo haré un poco el ganso para que te rías. Unas botellas más, ¿no? Aunque mañana me toca trabajar… ¡Bueno, qué más da!

Después daremos un paseo. Unas miradas, unos piropos, ¿o no te gusta que te piropeen?

Acabaremos en el portal de tu casa. Me despediré caballerosamente y te dejaré tranquila.

Un par de días más tarde te escribiré de nuevo. ¿Habrás estado pensando en mí?

Unas citas y me animo a darte un beso. De los besos a las caricias, de las caricias a todo lo demás.

Empezamos a vernos a menudo. De repente me encuentro tu cepillo de dientes junto al mío, tu ropa en mis cajones, tus yogures desnatados al lado de mis cervezas en la nevera.

Y así empezamos a vivir juntos. Navidades, cumpleaños, vacaciones en la playa… …

¿Llegará alguna pandemia nueva? Si es así, la pasaremos juntos, haciendo pan y eso.

Conoceré a tus padres y tú conocerás a los míos. Espera, me dijiste que tu madre había muerto. ¿O me estoy confundiendo?

Me miras. Qué bonitos ojos tienes.

Quizás nos planteemos tener hijos, casarnos, hacer lo que hacen las parejas. ¿Me seguirás queriendo como la primera vez?

Sí, hijos. O un perro. Quizás seamos de esas parejas que tienen perros a los que ponen ropa de persona.

Tiempo después te notaré diferente. Habrá algo distinto en ti, no sé. Ya no me mirarás como me estabas mirando hace cinco minutos……

Te quedarás hasta tarde en el trabajo y ya no haremos el amor tan a menudo. Los niños-perros ya se habrán ido de casa, una casa que estará vacía, con todo el amor que antes… bueno, que en el futuro antes, tenía. ¿Qué nos habrá pasado, Lorena?

Me pedirás el divorcio. ¡El divorcio! ¡Si yo te amaré con locura!

Te rogaré que me des un tiempo, que lo intentemos de nuevo, que volvamos a este bar en el que estamos ahora mismo, para recrear nuestra primera cita. Pero no será suficiente. Nunca nada es suficiente para ti, ¿no es eso? Si es que ya lo decía mi madre, que nunca……



– Y bueno, ¿cómo estás -dices tú-?



– Oh… Pues bien, ha ido bien.



– ¿El qué -preguntas- ?



– Ehm… ¿De qué estábamos hablando?



– Jeje… vale.



Pfff… soy imbécil.

Pero qué bien que hayamos podido quedar. Eres muy guapa.

Joder, ¿cuándo traen el vino?