1424. INVASIÓN
Concha Montes Martín | Cornelio P.L.

Debí tomar precauciones cuando a los pocos días de nuestra vida en común eché en falta ceniceros, más de un portarretrato y algún que otro jersey, y haber guardado entonces mis preciadas pertenencias bajo llave: mi colección de vinilos, los pendientes de oro y aguamarina que usaba mi madre, incluso mis zapatillas de fieltro marrón; pero me temo que ya es demasiado tarde.
Mi amigo Luis dice que debo hablar con ella, interrogarle, pedirle explicaciones. Nada de eso importa ahora.
Se acerca la hora de comer y un delicioso y embriagador olor a estofado invade el salón de la casa, se cuela en mi hipotálamo y activa mis glándulas salivales.
Ya le preguntaré mañana.