822. INVOCACIÓN A LAS MUSAS
Elena María Sánchez Sánchez | Tela

Cuéntame, oh Musa, los trabajos y hazañas del joven héroe hespérida que cumplió la voluntad de los dioses que tienen sus mansiones en el Olimpo exentos del pago del Ibi, y abandonó su tierra y anduvo errante llegando más allá de las rocas Cianeas hasta los confines del pase de Interrail Global de un mes de duración beneficiándose de políticas de cambio y devolución flexibles.
Canta, diosa, algún pasaje de esos sucesos que le llevaron errante a conocer los talantes de muchos hombres, los lechos de pocas mujeres y los museos nacionales de varias ciudades; y dolores sufrió sin cuento en las dorsolumbares fruto de su propia insensatez, ¡oh, loco! por no llevar ajustada la mochila como los dioses mandan.
Sé tú misma ahora, Musa, hija de Zeus, quien cuente el fatigoso penar y los remordimientos que el joven héroe hespérida causó en el corazón a la ninfa fluvial Ciane, la más famosa de las náyades y tiktokers de Siracusa. ¡Maldito destino! La curiosidad es la que nos mata y no esos rollos del estrés prolongado combinado con la vida sedentaria. Pues, cuando el joven héroe hespérida surcó en ferry el ponto rojo como el vino hasta la tierra de los siracusos, ya no le quedaba en su apretada bolsa ni para echarse al cuerpo un döner kebab. Se le vino encima el manto púrpura de la noche a la orilla del canoso mar, donde durmió en ayunas y con el corazón afligido toda la noche, la aurora y hasta el mediodía. Se ponía el sol cuando le abandonó el dulce sueño y vio, a los pies de la orilla, a Ciane, semejante en belleza a una diosa, subiendo vídeos a TikTok, junto a otras ninfas siracusas que no la igualaban en belleza. ¡Oh, Eros destructor! Cómo brincó el corazón en el pecho de Ciane cuando ante ella llegó el hermoso hespérida quien, como si del mismísimo Ulises conocedor de toda suerte de engaños se tratara, abordó con palabras a la doncella alterándola con toda astucia y halagos, mientras le hacía ojitos. Durante cinco días y cuatro noches, la bella Ciane con su hospitalidad colmó al joven hespérida de desayuno, comida y cena, de baños nocturnos enardecidos por el deleitoso amor, de ojos brillantes de dulce deseo, de actualizaciones de estado en whatsapp y de stories de Instagram. ¡Pobre víctima del deseo cegador! ¡Ay, funesto amor! De ti proceden las rencillas malditas, las quejas y llantos y las terapias cognitivo conductuales a razón de sesenta euros la sesión. Al sexto día, el joven hespérida cruzó el estrecho de Mesina con una francesita estudiante de Relaciones Internacionales con la que invocó a Eros en los baños del ferry en el que surcaban el ponto de bastos caminos, amparado por Zeus Crónida, protector de los que se despiden a la francesa ¡Ay, funesto amor, enorme calamidad, gran azote de los mortales! Cuéntalo mejor tú, oh Musa, cuéntalo mejor tú.