303. ISQUIOTIBIALES
Marco López | Pichucho

Dicen que lo importante es participar, ¡y una leche! En cuanto se da la salida, la gente empieza a correr como si le fuera la vida en ello. Y eso por no hablar de los codazos, zancadillas y empujones. Le suelen llamar sana rivalidad, aunque en cualquier otro deporte muchas de esas actitudes serían merecedoras de expulsión directa, o como mínimo de amonestación. A los que juegan sucio habría que darles una buena lección, habría que pagarles con su misma moneda; sin embargo, no se puede. Golpear con el puño cerrado en los morros con ánimo de hacer daño es delito según el Código Penal.

Participar, ¡claro!, pero el que no corre, vuela. Son diez mil metros de carrera. Cada segundo cuenta y la concentración es tan importante, o más, que la longitud y potencia de zancada. Diez kilómetros intensos desde el mismísimo disparo inicial. Y como todos vienen a participar sanamente, por supuesto, y están ansiosos por demostrar su desinteresada colaboración con el deporte de base, desde luego, nadie quiere quedarse atrás.

Por momentos, la línea de salida parece la Pasarela Cibeles. Todo el mundo con sus mejores galas. Desde lejos, con tanto colorido, algún grupito de los que se forma le acaba haciendo sombra al mismísimo arco iris. Lo de ponerse gafas de sol, aunque esté nublado, debe ser por el reflejo de tanto brillo en la indumentaria. Pero todo tiene su parte buena, y es que en caso de despeñamiento la localización sería rápida a más no poder. Ya sabemos que hoy en día eso de mostrarse y que te vean forma parte del juego. En las redes sociales también se compite. ¡Perdón!, se “participa”.

Y cuando alcanzan la meta y levantan los brazos y se abrazan a los suyos y gritan campeón, campeón, campeón y se desgañitan cantando el güiardechampions suele ser porque solo han venido a eso, a participar. Lo de competir es para profesionales. Y todo esto sin contar a los caraduras que abandonan a la primera de cambio y tienen el santo morro de venir a decirte, a santo de qué, con voz profunda de actor de doblaje, que sí, hombre, que haber acabado la carrera ya es una victoria.

De hecho, lo he meditado profundamente y estoy pensando en hacer lo mismo. Creo que, si finalmente no consigo ganar el concurso de relatos de Lamucca, alegaré que me dio un tirón en los isquiotibiales.