847. JÓLIBUB
DOMINGO LOPEZ HUMANES | BLAS DE MATOS

Llegaron los fulanos de la televisión con sus cámaras y allí nos tenían a todos, al Chuli, al Madeja, al Vinagre, al Basto y a mí, nerviosos, peinándonos unos a otros a manotazos como macacos coquetos. Bueno, todos no estábamos, faltaba el trilero del Jerele que hacía ya un rato que se lo habían llevado enteramente fiambre camino de la gusanera —cuya sangre en la acera había cubierto con lástima y serrín el Manco, el cantinero del tugurio de la esquina— y que ya no cantiñearía con salero más fandanguitos y era, digamos, el culpable de que fuéramos a salir en un programa truculento de sucesos para hacer el paripé como los amigotes del difunteado. En realidad, el caso no tenía mucho deslumbre, de temprano, el Marimba fue de berraco a buscarlo al chabolo y sin abrir la mui y con la chori bandolera le pintó un jabeque en el gollete, o sea, que le tajó el gaznate a las bravas, vamos, de canteo, y como ya los maderos le habían puesto las pulseras y se lo habían llevado a entrullarlo pues por eso mismito el gachó del micrófono, antes de empezar a grabar, dijo que le diéramos a la húmeda y nos inventáramos las paridas que nos salieran de nuestros cojones flamencos, que si nos portábamos bien desembuchando nos untarían con jurdeles para que lo celebráramos engrifándonos y pimplando. Por supuesto, para salir de prota, porque siempre fui tierno de morro, el que parloteó más trolas fue mi menda lerenda, vamos, que largué de engatuse y me hice un drama virguero y por venderles las escobas hasta me dejaron saludar a mi vieja por si me veía desde las candelás del infierno donde andaría combustionando y a los colegas desde los salones sociales de los talegos o en los garitos granujientos o camelleando farrucos por ahí y al final me rentó el palique y los panolis apoquinaron el parné para los vicios y los vimos arrancar la furgona —Antena Total TV, tenía escrito en el capó— y largarse culicagados y nosotros también nos piramos a darnos a la vidurria de pachás, explicando a los primos qué se sentía siendo famoso y nos tiramos en el parque a liarnos unos petas de chipén y a darle por todo el jerol a la priva y decidir entre todos, por unanimidad, si este podía considerarse sin exageración o excesivo error, exceptuando, está claro, el de la comunión o el del primer polvo, el día más dabuten de nuestras aperreadas vidas