1179. JUEGO DE HERMANOS JUEGO DE VILLANOS
Mary Carmen Delgado Barranquero | Mary Carmen

Todo comenzó el día en el que mi madre tuvo que llevarnos a mi hermana y a mí a su trabajo. Era un aburrimiento. Mi hermana me dio un golpe jugando y yo le respondí con otro. Al final de una broma pasamos a juegos de manos y acabamos con juego de villanos. Mi madre, que hablaba por teléfono con clientes, se puso muy nerviosa, hasta el punto de tener que interrumpir la conversación, ya que habíamos pasado de ser adolescentes con educación a animales salvajes.
Al llegar a casa, el castigo fue tal que hoy en día seguimos sufriendo por aquel comportamiento, habiendo aprendido la lección con creces.
He de decir que mamá es muy creativa e impredecible. Cada día nos recoge del instituto de una forma diferente, para que revivamos la vergüenza que ella sintió.
Una vez vino disfrazada de Xena “la princesa guerrera”. Al salir de clase empezó a tirar un búmeran mientras entonaba el grito de guerra “lalalalalalalalalalaaaaa”, con tan mala suerte, que uno de los lanzamientos alcanzó al director que había salido por el escándalo formado.
En otra ocasión sobornó a la portera para que le permitiera entrar en el centro y aprovechó para cantar una canción. Ésta le dejó acceder, pero no coger el micrófono. Imaginad qué vergüenza cuando se escuchó la voz de mi madre arrebatárselo al ritmo de “Suéltalo, suéltalo,… de Frozen”, provocando las risas de todos los compañeros y el monumental enfado de los profesores por la interrupción de sus clases.
Durante un partido de baloncesto en el que competíamos, aprovechó que la cámara le enfocaba para hacer muecas y morisquetas al público mientras agitaba el cartel animando a nuestro equipo.
Si todo esto no os ha parecido humillante, ni me quiero acordar del día de la actuación de fin de curso. Acudió con suficiente antelación para colocar en las sillas cojines de pedos. Valiente lío se armó cuando los padres de los compañeros tomaron asiento. Fue un auténtico espectáculo.
Mañana, mi hermana y yo iremos a la oficina de nuestro padre. Tenemos claro que, por mucho que nos aburramos, debemos comportarnos. Él es mucho peor que mamá. No quiero ni imaginarme lo que podría llegar a hacer.