552. JUEGO SEXUAL
Agnès Ortega Pérez | Agnès Ortega

Golpeo a la puerta delicadamente. Siento los nervios como corretean por mi cuerpo.
Al abrirse la puerta mis ojos se ensanchan. Delante de mí, se presentan dos cuerpos desnudos, invitándome a entrar. Un hormigueo corretea por mis genitales. Siento como empiezo a excitarme.
Intento entrar. Me hacen señas de que me tengo que quitar toda la ropa. Amablemente accedo a la petición.
Llego a un salón iluminado tenuemente. Observo que el salón está perfectamente decorado, velas de color rojo y morado. Lámparas con telas de distintos colores. Incluso aprecio un aroma dulce a canela y vainilla. La boca se me hace agua.
Siento como unas manos me cogen por la cintura. Me dejo llevar por la sensación del placer. Delante de mí aparece la otra persona y me coge de la mejillas para atrapar mis labios.
Cierro los ojos y empiezo a disfrutar. Tengo los pelos de punta. Creo que todo mi cuerpo está alterado. Con mi manos alcanzo a quien está delante de mí y empiezo a tocar suavemente todas las partes de su suave cuerpo. Siento como desprende calor. Oigo como gime y se deshace de placer. Mi lengua juega con su lengua.
Me giro para buscar otra lengua y compartir mi gozo.
Mi cuerpo empieza a arder, las piernas están flojeándose, necesito acostarme. Sutilmente acabamos en el suelo. Ahora puedo expresarme con seguridad. Me acerco al máximo para tocar todo lo que pueda y deleitarme con cada rincón. Sabor de sexo. Aroma de diversión…
Mi corazón palpita cada vez con más fuerza.
Siento el sudor como se mezcla.
Los cuerpos se arquean. Quiero seguir disfrutando de este momento. No quiero que termine. Arden mis manos al tacto. La respiración se me entrecorta a la vez que emito pequeños gritos de satisfacción.
Busco sus miradas. Veo que están disfrutando de igual modo que yo.
Me contoneo entre sus cuerpo, sigo un ritmo acelerado de gusto.
Mi dedos se entrelazan entro otros dedos, no me importa de quien sea.
Percibo el fuego de sus entrañas.
De repente el ritmo cambia. Nos movemos más rápido. El aliento empieza a faltar. Los gimoteos son cada vez más fuertes. Me enciendo y me estoy achicharrando. Las manos siguen tocando cada rincón erógeno de los cuerpos. Esto está a punto de estallar. El clímax se acerca. Parece que mi corazón vaya a dar un vuelco.
Una ola de fuego traspasa todo mi cuerpo y de mis adentros sale una fuerza bruta que se convierte en grito. Un gemido explosivo de placer.
Me dejo caer. Mi cuerpo se deshace. Intento retomar mi respiración y una carcajada sale de mí. Me acompañan con más risas. Nos miramos. Agradezco lo ocurrido. Beso con cautela sus rostros felices. Acaricio con mimo las mejillas.
Descanso escasos minutos, me repongo.
Momento de la despedida.
Una vez de pie me acerco para abrazar y sin poder evitarlo me vuelvo a excitar.
Mi mirada pide más. Me entienden.
Momento de repetir de nuevo el juego sexual.