284. JUGADOR DE VILLAR
Edgar Henry Rodríguez Flórez | José Mario

Romario hombre trabajador y dedicado a terminar su carrera se dirige a su casa pensando en que llevarle a su esposa; ¿hola ya no te acuerdas de mí? Son las palabras de una hermosa mujer que lo mira con esos grandes ojos claros.
Milena me alegra verte, tomamos algo? ¿y me cuentas de tu vida? Claro que sí.
En la madrugada cuando Romario se acerca a su casa, mil excusas pasan por su mente, ¿y ahora que le digo a Estefany? Piensa, piensa, se repite una y otra vez, pero no se le ocurre nada.
Al pasar por el frente de un villar… Claro eso hare, se unta de tiza las manos y la ropa y listo
Pero la conciencia no lo deja tranquilo, y cuando su esposa le pregunta: ¿Dónde estabas? Te diré la verdad. Me encontré con mi antigua novia tú la conoces, Milena y la pasamos juntos toda la noche.
Estefany mirándolo fijamente le reprocha diciéndole: No me mientas ¿Cómo te vas a inventar semejante historia? Tu estabas era jugando villar.