1458. JULIO EN JULIO
ANA MARIA ALONSO DUEÑAS | ANA

Los gritos alborotados, con palabras entrecortadas en alemán provenientes del chalet vacacional de la familia Rosenberg, despertaron a Julio, que dormía plácidamente tras el movidito día anterior. Ya me han pillado, pensó.

Estaba terminando de poner la mesa en el jardín, sumiso pero mosqueado y aun de mal humor, por el absurdo robo de su coche, cuando apareció babeando con unas plumas verdes saliendo de su boca Conan, su perro, ajeno al día de mierda de su amo, quien además olvidó las gafas en el coche robado.
Pensó, que el perro estaba comiéndose la ensalada. Sólo veía algo verde. Disimuladamente le dio unos toques para que escupiese y con suerte no se enterase Marga, pues suficientemente amargado le tenía ya. Conan abrió la boca y dejó caer babeado y sin vida el pájaro de los vecinos en sus pies descalzos. ¡Qué puto asco!, pesaba y estaba duro. Dio un respingo hacia atrás y el perro ladró. Los Rosenberg encendieron la luz. Marga salió al jardín, Conan nunca ladraba. Marga gritó sin voz audible ¡El pájaro de los vecinos!. Los vecinos odiaban a Conan, pobre caniche, sólo sufría un trastorno de identidad. Ahora encima había matado a su pájaro, al que traían en avión de vacaciones a Marbella desde Munich. Si tuviese que venir él sólo volando, nunca llegaría. Ese pájaro estaba altamente desorientado por tenerlo encerrado.
Marga sugirió imperativamente dejarlo en la jaula y disimular. Total, no era ella quien tenia que saltar la valla ni cometer allanamiento.
El seguro del coche y la guardia civil no descartaban que Julio fuese cómplice por el robo de su propio coche para cobrar el seguro. Si ahora le denunciaban por allanamiento ya conocía el camino al cuartelillo de esa misma tarde. Estaba indignado. Escuchó al guardia civil riéndose, diciendo que cuesta mucho creer que haya alguien tan idiota como para dejar que prueben la conducción de tu coche llegando a un restaurante para firmar el contrato de compraventa y sin más, el comprador antes de firmar desaparezca haciendo ver que va al baño, mientras en realidad le pide las llaves al aparca y si te he visto no me acuerdo… Pero así fue como sucedió, sin más. Encima tuvo que escuchar a Marga llamándole idiota toda la tarde.
No podía discutir, tenía que hacer lo que ella dijese. Así que como aquella familia tenían el horario cambiado. No se adaptaban al horario español. Tan pronto anocheció, se fueron a dormir. Nunca tuvo Julio claro si era porque eran hippies y vivían sin luz eléctrica, ahorradores enfermizos o antisociales, pero dejando estas ideas a un lado, saltó, metió al pájaro en la jaula y disimularon…

Tras los agudos y alborotados gritos matinales, Marga preguntó. ¿Está todo bien?. No, dijo la señora Rosenberg. Ayer murió nuestro pájaro y lo enterramos en el jardín junto a la valla y esta mañana ¡estaba en su jaula!. Ahora Julio sonriente miraba a Marga pensando eres idiota.