469. KEEP ON ROCKING
JUAN CABALLERO GÓMEZ | VICTORIA9

Óiganme, ¡Yo soy un roquero! ¡El mejor del país! Sepan que a mis sesenta años hubiera querido estrellarme en un avión estando de gira o morir ahogado en la piscina de mi mansión después de ser tiroteado por el marido de una de mis fans. Porque eso es lo que me hubiera hecho inmortal convirtiéndome en un mito. ¿Comprenden ustedes, señores y señora de la bata blanca?
Miren, la cuestión no es la fama, no. La fama es efímera. Lo que yo hubiera querido alcanzar en mi vida está mucho más allá de ser famoso o de estar en el imaginario colectivo ¡Menuda gilipollez!
Yo quisiera haber sido un mito, y un mito ha de morir pronto porque no se puede estar toda la vida rocanroleando. Morir no es matarse, no puede uno ser tan evidente; me mato y ya soy mito. Eso no funciona así. Para convertirse en un mito lo apropiado es tener una muerte trágica y no vale que tú te la provoques. ¿Entienden ahora?
Ya les expliqué a los de seguridad y a la policía que cuando andaba por el tejado de mi casa no pretendía suicidarme, pero ese atajo de inutilidades se empeñó en que sí y a la fuerza me trajeron a este sanatorio. Se ve que querían hacerse famosos a mi costa salvando la vida del líder de la mejor banda de rock nunca vista. ¿Se dan cuenta de lo qué es la fama? Unos idiotas haciéndose los interesantes ante la prensa y las televisiones porque han sorprendido al gran Johnny Knight en estado de embriaguez, dicen ellos, en la azotea de su casa intentando suicidarse. ¡Mierda, mierda y mierda!
Atiendan y no me miren con cara de estropajo porque probablemente sus madres me hayan tirado el sostén en alguna actuación, pregúntenles cuando vayan el domingo a verlas a su casa. Escuchen, no me quería suicidar. ¡Que no, que no y que no! ¡Que un suicida nunca puede llegar a convertirse en un mito!
¡Joder! que subí allí solamente porque no se veía la televisión. Y por culpa de los gilipollas que me detuvieron he salido en las noticias en pijama como un aburrido padre de familia que está haciendo bricolaje. ¡Que me han echado por tierra mi mala reputación, coño!
Así que me cago en la madre que parió a los imbéciles esos de seguridad por haberse inventado mi suicidio, por haberme rescatado de un peligro inexistente y por haberme dejado en ridículo delante del mundo entero.
Y a ustedes, señores y señora de la bata blanca, impertérritos todos, solo quiero desearles un buen día y aconsejarles que escuchen alguno de mis discos para que se les entone un poco el gesto de pollas en vinagre que gastan y que, ya puestos, tengan la amabilidad de quitarme las esposas, no las mías que a las tres las quiero aunque ahora solo me acueste con una de ellas, bueno con dos.