LA ABSORCIÓN
TERESA LÓPEZ VELAYOS | JORGE PEÑALBA

4.2/5 - (17 votos)

El brutal acelerón fue el que provocó su silencio; solo entonces dejaron de gritarse unos a otros, de insultarse, amenazarse y lanzarse golpes bajos. El brutal acelerón tiró al suelo al que estaba de pie y puso en modo batidora los estómagos de los que permanecía sentados. De golpe sobrevino una tensión diferente que cambió por completo el signo de las cosas, y que acercó a los que tan lejos se hallaban. Se miraron, por primera vez en mucho tiempo algunos, por primera vez en la vida otros. Por primera vez descubrieron en la persona que tenían enfrente a un semejante, y las barreras cayeron. Se miraron y pensaron todos lo mismo, por primera vez; todos a una y sin pronunciar palabra: «¿Qué diablos es esto?»

Daoiz y Velarde tenían información privilegiada y llevaban semanas advirtiendo a todo aquél que tuvo capacidad de escuchar que la primera cita estaba próxima. Se veía venir. Los turistas, que se acercaban a sus pedestales de leones admirables y fieros, lo sabían; los niños, que les lanzaban besos a cambio de un simpático rugido, lo sabían; lo sabían los amantes de la noche y los currantes del alba. Lo sabían ya tantos que nadie se asombró cuando el hemiciclo se elevó hacia las alturas y desapareció de la vista. Todos sabían que llegado el día en el que los decibelios emitidos allí dentro fueran los que Los Señores del Planeta Rojo buscaban, que cuando el ruido y el caos que analizaban desde hacía tiempo en cualquier punto de la galaxia, llegara al nivel que necesitaban para alimentar su ya agotado generador de energía, se produciría la absorción, el tiempo de la primera cita en Marte.

Tras el momento inicial de preguntas sin respuesta llegó la desesperación de algunos y el abatimiento de otros. Eso también lo tenían previsto, y que el cansancio llevaría a aquellos humanos gritones a un sueño profundo pasado el primer nivel, a la altura de la Luna. Desde allí el viaje sería más tranquilo.

Los primeros en despertar advirtieron a los demás de su nueva e increíble realidad: viajaban a gran velocidad por el espacio propulsados por las seis columnas corintias del pórtico de la fachada principal del Congreso de los Diputados.

Pasadas las horas, el terror se transformó en diálogo y trabajo en equipo por un bien común: volver juntos a casa. Entre todos crearon un comité negociador y una propuesta convincente para sus secuestradores…

Sin más noticias de ellos, tal vez hayan encontrado a esta hora la manera de regresar de la primera cita del hombre en Marte, o quizá le hayan encontrado ventajas a ser los protagonistas de este histórico hito.

Los que no han vuelto a aparecer por aquí, según Daoiz y Velarde, son los Señores del Planeta Rojo.