1125. LA AMIGA INVISIBLE
gema valdericeda falcó | Ginkgo Biloba

¡Este año me ha tocado la lotería, sé cuál va a ser el regalo perfecto para mi amiga invisible! En los papelitos, bueno ahora lo hacemos con una aplicación ─mis amigas analógicas han descubierto por fin las bondades de la tecnología─, me ha salido Sara, y este año sí, este año tengo claro que regalarle ¡Un succionador de clítoris! Lo iba pidiendo a gritos porque decía que no sabía de qué iba eso, pero creo que lo que sentía era una curiosidad mal disimulada; Sara se camuflaba estupendamente en los ambientes pijos, donde se movía como pez en el agua, pero sus amigas la conocíamos muy bien, en el fondo tenía ese descaro barriobajero del sur de la capital que pretendía ocultar, pero que en las distancias cortas la desbordaba.
Ante el temor de que mi regalo no le hiciera ninguna gracia opté por comprarlo en un centro comercial donde me iban a dar un maravilloso ticket regalo ¡Bendita tabla de salvación!

─Buenos tardes ─saludé educadamente a la persona de información que estaba en la entrada─ ¿Dónde está «plátano melón»? ─pregunté directamente por la marca, por la vergüenza que me provocaba nombrar el artilugio.
─Menaje, planta baja ─me contestó sin mirarme a la cara.
─¿Pero si es un succionador de clítoris, cómo va a estar con las sartenes? ─le contesté airada, ahora, sin vergüenza ninguna.
─Perdón, aquí mismo, en esta planta, al fondo a la derecha, en Parafarmacia.
─Gracias.

No me costó mucho encontrarlo, valía justo el precio que asignamos al regalo y era una monada, pequeño, ligero y de un color azul turquesa precioso.
El día de la quedada estaba un poco nerviosa, siempre nos habíamos regalado lo típico: ropa, bolsos, accesorios, cosméticos, pero yo abría la veda a los juguetes eróticos.
Después de cenar nos dimos los regalos, fui la primera en empezar, tenía ganas de triunfar o de quedar sentenciada, cómo aquella vez que le regalé un tanga, según ella de mercadillo; juré mil veces que lo compré en una tienda de mi barrio, pero mi fama me precede y nunca me creyó. Sara recibió el regalo con mucha ilusión, lo abrió y…¡Su cara se iluminó! Una sonrisa pícara afloró en sus labios y achinó sus ojos.

─¡Me encanta! Muchas gracias ─Se levantó entusiasmada y me dio dos besos ─¡No me des el ticket regalo, que no lo voy a devolver! ─exclamó cuando vio que lo rebuscaba en mi bolso.

Después de la cena nos íbamos de copas, todas menos una, Sara.

─Chicas yo me voy a casa, que hasta que llegue…, además no quiero beber más y luego conducir ─nos dijo con dulzura, pero nosotros la conocíamos muy bien, la miramos extrañadas y rápidamente rectificó ─. Estoy deseando llegar a casa y estrenarlo ¿Vale?

Al día siguiente, después de una tremenda resaca, todas empezamos a enviar por whatsapp fotos para ver lo bien que nos quedaban puestos nuestros regalitos, todas, menos Sara.