903. LA ANODINA HISTORIA DE LA OFICINISTA EN BUSCA DEL EFECTO WOW
Micaela Torrecilla | La chica de las poesías

Supongo que nadie ha oído hablar de mí. Mis intentos por convertirme en una heroína griega, terminaron el día que entré en mi primera oficina. Mi primera oficina. Una oficina de las de verdad, con muchas plantas y ascensores, impresoras conectadas al wifi, cafetera de cápsulas y lo mejor sin duda: un lanyard identificativo. Primero me dieron uno provisional y yo seguía sintiendo que la creatividad me corría por las venas, que a pesar de eso, todo era posible…pero un día, de repente, me pidieron una foto. En ese momento, lejos de sentir que por fin pertenecía a algo, noté como el flexo empezó a derretirme la piel mientras la moqueta me absorbía y me fusionaba con aquella masa de personas que constantemente hablaba usando términos en inglés como funnel, packaging y no sé cuántas mierdas más que no sabían ni pronunciar ni escribir.

A partir de ahí me convertí en Atlas. Mi trabajo consistía en sujetar el peso de los cielos sobre mis hombros y además, prepararme el tupper para el día siguiente. El mundo parecía estar burlándose de mí. Cuanto más sociópata me volvía, más me respetaban y querían.

—Buenos días cielo— me decía la arpía de Recursos Humanos
—Cuánto has madrugado hoy— el cocainómano del director
—Queremos que estés a gusto— el chupaculos de la cuarta

Estar a gusto. Que por cierto, busqué si a gusto era junto o separado y resulta que va separado. Siempre dudo con eso y con enfrente (que en este caso va junto). También con la palabra jeta y eso que la uso un montón.

En fin, a lo que iba. Un día mi jefe me dijo que yo era la gran promesa de la compañía y que me merecía dar el salto a Junior Senior Paid Media Manager Asshole Sales, que demostrara a todos mi “Efecto Wow”, literalmente dijo eso. Wow. Efecto Wow.

Con las mismas salí de la oficina y me fui derecha a Mercadona a comprobar si gracias a las quejas de los seguidores de Instagram habían repuesto el helado de nube. Por cierto, gracias a todos los que formáis esa comunidad y vuestros comentarios, mis noches son un poco más felices. Leeros levanta el ánimo hasta a una Junior Senior Paid Media [insertar cualquier cosa] Sales Manager.

¿Que si tengo una aversión patológica al trabajo y sus secuaces? Puede ser. Pero cumplo con mis obligaciones. Que tenga además que ser feliz y entregada, no es una obligación ni contractual ni espiritual.

Con cariño: La chica de las poesías.