306. LA APUESTA
Juan A García Benítez | Juangarcia

Después de tres días de juerga celebrando el final de la temporada del corcho: Frasco, José y Andrés, vuelven a la venta donde comenzaron a beber y comieron una caldereta de chivo.
La venta no tiene el nombre en la fachada, pero todos la llaman: «La Venta del Agua».
Hay un gran chaparro cerca donde el ventero pone las mesas debajo, para que los clientes estén a la sombra, beban y coman a la sombra.
Cuando comenzó la celebración de los tres amigos, tres días antes, allí debajo del chaparro bebieron y comieron todo el día. Cuando llegó la noche los tres estaban muy hartos de todo y vomitaron cerca, detrás de unas cañas donde iban a orinar.
El ventero los recibió bien después de que volvieron, aunque se ponían muy pesados cuando estaban bebidos, no eran nada violentos y en el invierno apenas se dejaban ver una vez al mes.
Todos habían ido a orinar detrás de las cañas esa tarde y todos se habían fijado en los vómitos, ni los perros los habían tocado en los tres días.
Creo que fue José, el primero en hablar de apuestas; de a ver quién era capaz de comer esos vómitos. Andrés dijo: yo daré cinco mil pesetas al que los coma y yo lo vea. José también se unió con otras cinco mil pesetas.
Frasco pregunto cuánto tenía que comer y le dijeron que dos cucharadas.
Con una cuchara que pidieron en la venta, se dirigieron para las cañas los tres amigos.
Allí Frasco, aguantando el equilibrio moviéndose de alante atrás y hacia los lados. Toma tres cucharadas de vomitauras, se relame y vuelve para la venta, a continuar con su vino. Andrés y José se han quedado atrás, están en las cañas vomitando.
Frasco está contento, ha recuperado todo lo que gasto en los tres días, y ahora dando tumbos se dirige hacia su casa. Donde su mujer lo espera y lo manda a la corraleta con el cerdo. Las diez mil pesetas la mujer las guarda en la pechera, igual en unos días hay cama con sábanas nuevas.