LA ASIGNACIÓN
Bea Martín Rivera | Bea

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Hay un cartel en la puerta: DESPACHO DE ASIGNACIONES. Llamo tímidamente, una voz me indica que puedo pasar. Abro un poco la puerta, meto primero la cabeza, echo un vistazo, estoy muerto de miedo, cuello, hombros, intento hacer contacto visual, sigo introduciendo más partes de mi cuerpo gradualmente, pero no llego a abrir la puerta del todo. La persona detrás de la mesa levanta la cabeza, apoya el boli y me mira con curiosidad. En ese momento estoy agarrado con las dos manos a la puerta, asomado hasta la cintura, como quien se tapa cuando llega el repartidor de Amazon y estaba sin pantalones tirado en el sofá.



─Tenemos toda la eternidad, es cierto, pero tampoco hace falta abusar ─dice con una sonrisa forzada la señora de asignaciones ─por favor, siéntate y lo primero déjame felicitarte, tu carta de presentación es impresionante. Hacía mucho tiempo que no recibíamos algo así, ¿es tu primera vez?



─ ¿Disculpe? ─pregunto totalmente confundido.



─ ¿Tu primera vez? ─insiste. Y al ver mi cara de desconcierto reformula la pregunta ─ Es tu primera reencarnación, ¿verdad?



De repente un tropel de pensamientos inunda mi cabeza, no era un sueño, que me he muerto, joder, joder, ¡Qué me he muerto! Siempre me entero el último de todo…



─No te preocupes, te lo explico desde el principio. Cuando alguien muere, depende de las circunstancias, se aplican unos protocolos u otros. Los que se mueren muy viejos pasan por el área de planchado y los que se mueren de aburrimiento directamente se les asigna como sofá de una sitcom de moda. Tú pasaste por la zona de recauchutado, no pongas esa cara, te atropelló el camión de la basura. En fin, cuando llegas a la oficina de asignaciones revisamos tu carta de presentación. Esto es, un pequeño resumen de las cosas buenas y malas que hiciste en la última vida, en tu caso, la primera. En función de tus méritos o maldades te asignamos una ocupación en la siguiente.



Por mi parte, estoy en la décima vida, no estoy mal ahora, mi primera reencarnación fue en oruga procesionaria. Al principio fue divertido, en la bolsa antes de caer del árbol me encontré con muchos compañeros de la oficina; era inspector de hacienda, también había políticos, dos profesoras de filosofía y un cocinero de un colegio público. Lo hice muy bien, no piqué a nadie y fui avanzando hasta pájaro carpintero, no te lo recomiendo: las cervicales destrozadas… Pero basta de hablar de mí. Veo que has sido camarero en Lamucca durante cinco años y jamás escupiste en la comida o bebida de nadie. Camareros que no han ejercido venganza sobre clientes, están tan alto en el escalafón de méritos como los misioneros, o los peluqueros que no han quemado pelo poniendo mechas. Tienes el máximo de puntos, puedes elegir la asignación de lo que quieres ser en tu próxima vida entre las siguientes opciones: reguetonero, marido de Madonna o ganador de concurso de relatos.