La bella noche
zhouqing xiang | axel

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La noche de mi primera cita fue muy especial, en ese momento sentí el universo conspirando a mi favor. Nunca tuve una cita hasta ese momento. Para dar una mejor impresión me preparé una buena ducha, me puse el mejor traje que tenía, una camisa con cuadros azules y unos vaqueros negros con unas deportivas. También me puse un perfume barato y con esto salí de mi casa. Con cada paso que daba hacia nuestro encuentro estaba más nervioso. Al llegar al lugar acordado, el tiempo pareció detenerse. La espera se convirtió en un mar de dudas e inseguridades. La noche en aquel lugar era fría e intensa, mis sentidos se disparaban, mientras me sumía sentía el viento en mi cara y los sonidos del fondo a la cuál nunca presté atención. Personas yendo y viniendo a paso rápido delante de mí, aun así, ante mi nerviosismo me aferraba a la ilusión de verle.

Cuando por fin lo encontré, era igual a la foto que está en Instagram. De hecho, en persona reflejaba más su personalidad agradable. Me sentí atraído como un imán hacía él. «Es lindo», pensé. Saludé casi en silencio y con una sonrisa nerviosa mordiéndome los labios. El me devolvió el saludo y me dio algunos cumplidos dándome una muy buena impresión. Creo que me sonrojé y me volví tímido, casi infantil, esquivando sus miradas y las preguntas que hacía parecían buscar el núcleo de mi ser. Dentro de mí, un torbellino de sentimientos se desataba, más intenso que cualquier tormenta que hubiera enfrentado antes.

Hablamos, o mejor dicho, él habló, llenando el espacio entre nosotros con palabras que fluían como una melodía. Yo, por mi parte, me limité a sonreír, a veces con timidez, a veces con una alegría que no podía contener. Las personas a nuestro alrededor se convertían en meros espectadores, testigos de un momento que nos pertenecían solo a nosotros dos, sin percatarme de que las palabras fluyeron de mi boca y pude conversar con él. Los nervios que sentía también se disiparon. Más tarde fuimos a tomar algo a una tienda cercana. Su recomendación fue acertada. Creo que lo más memorable de esa noche ocurrió en esa tienda. El bubble tea era buenísimo. Su sabor estaba muy acorde a la situación que estaba teniendo, dulce y un poco amargo.

Después de tanta charla, tocó la despedida, quería dar el siguiente pasó por la acalorada situación, pero sentía que él no quería lo mismo que yo tanto anhelaba. Pero aún así, en la despedida nos quedamos solo como amigos. Sentí un nudo en la garganta, una sensación agridulce y un suspiro contenido, una promesa de mantenernos en contacto.