1185. LA BELLA RIENTE
Javier de Pedro Buesa | Cucharita

El joven campesino llegó al palacio avergonzado por el estado de sus ropas. Mientras hablaba con los reyes, con el pie derecho se pisaba el izquierdo y así conseguía tapar un gran agujero en su bota.
Los reyes invitaron al joven a que se lavara antes de besar a la princesa. El campesino les contestó que le sobraba con limpiarse las manos, pues no iba a dar beso alguno a una mujer dormida. Una vez tuvo las manos limpias, se acercó a la princesa. Separó un poco del cuerpo el brazo derecho de la joven y le acarició suavemente los dorados pelos del sobaco. La princesa se despertó con una carcajada, que no cesó hasta que Pepín retiró la mano.
―Estoy convencido de que los sobacos son el lugar donde anidan las cosquillas ―dijo él.
―Vamos a llevarnos muy bien ―dijo ella.