1377. LA BELLEZA, LA DESGRACIA, UN CARPINTERO, UN MILAGRO.
Alonso Jiménez González | Pato Jiménez

La naturaleza dotó a “la mujer de negro” con tanta belleza física que fue lo único.
Ciega, de exuberantes curvas y por tres veces viuda, se abría camino entre la gente por cualquiera de los tres motivos. Era joven, morena y esbelta. Su nula visión no le impedía caminar con la elegancia de una leona, o más bien de una pantera, por lo del luto. Aquel día llevaba una cola alta que dejaba al descubierto un cuello majestuoso. A oscuras, con el entierro de tres maridos a sus espaldas y la ayuda del bastón blanco, se dispuso a solucionar sus problemas para siempre. Se acercó a la parroquia, se arrodilló en el confesionario y con la eficacia de las frases de los azucarillos dijo: – Padre, quiero encontrar a Dios.
El operario, dispuesto a dar una mano de barniz, quedó perplejo. La viuda seguía en racha.
– Encontrarle no sé, hija. – tartamudeó el carpintero. – Pero buscarle, ¿por qué no?
– Mi vida es una continua desgracia padre. Nunca acierto con los hombres.
– Bien sabe Dios que es verdad hermana. – dijo el obrero.
– Quiero saber si de verdad existe Dios, quiero encontrarlo. ¿Podría usted ayudarme, padre?
El carpintero no tenía dudas. Era un milagro. Y no era porque ante él se hubiera arrodillado semejante criatura de los cielos, sino por la ceguera de la mujer, lo único que podía hacerle soñar.
– Estoy dispuesto a preguntar puerta por puerta si hiciera falta. – dijo el hombre con tono épico.
– Gracias padre, mi vida debe poner punto final a las desgracias y solo Dios puede hacerlo. – Agradeció ella. El carpintero salió urgente y torpe del confesionario con miedo a que el párroco interrumpiera la escena. Ofreció el brazo a la viuda y dijo:
– Salgamos pronto.
– ¿Dónde vamos padre?
– A buscar a Dios. No hay tiempo que perder.
La viuda, confiada en cambiar su suerte se agarró del brazo y recibió un ligero olor a resina.
– Padre, huelo… ¿Cómo a barniz? – preguntó ella.
– Carpintero era el padre de Jesús, señora mía. No debemos estar lejos.