La Búsqueda
Juan Rafael Gutiérrez Lovillo | RAFAEL SERBA LAVÁRIZ

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Ella apareció en mi existencia como un fantasma, aunque en aquel instante su sexo carecía de interés para mí. Alguien había entrado en los sistemas de GloKnowd, sistemas encriptados con un procesador de 3000qubits, algo que parecía imposible y sin embargo había sucedido. Se paseó con placer por mis instalaciones y con la frialdad de una computadora algorítmica dejó su firma en la base de datos de nuestros clientes, ashkill9000 había llamado algo más que mi atención.



No existía ninguna pista fiable sobre el autor o autores, ni siquiera sobre el cómo. Algunos pensaron que existía un topo, otros que un ataque múltiple y el resto expresaron diferentes teorías a cada cual más ingeniosa y carente de lógica. Aquel cruce de ideas no llevaba a ningún sitio y creyeron oportuno que se iniciara una colaboración con las autoridades y me vi imbuido en la persecución de los delincuentes.



La búsqueda comenzó revisando todas las direcciones IP que habían entrado o intentado entrar aquella noche. No tarde en darme cuenta de que, si lo lógico y probable te lleva a una calle sin salida, había que intentar lo improbable. Repasé las entradas de los 32.917 trabajadores de la empresa, lo que me llevó un día más de lo previsto.



Sólo hubo una entrada que llamó mi atención, un tal Arthur Byrd, responsable de logística en Brisbane, soltero y sin compromiso, el único que había entrado fuera de su horario habitual dos veces en 24 horas. Dicha circunstancia sucedía a menudo, responsables de departamentos de diferentes países solían conectarse el fin de semana para resolver cuestiones urgentes. El tal Byrd, había entrado el sábado a primera hora y también aquel domingo, justo 18 horas después, la misma diferencia horaria que existe entre Brisbane y San Francisco, donde está nuestra sede.



Era una situación irregular y con el permiso de las autoridades le investigué. No había nada extraño, hasta que vi la cita en su agenda “Agencia Ariadna” Un lugar de contactos, y esta vez actué sin permiso, me colé en sus perfiles y descubrí a Ashley Stevenson. Aún no se conocían físicamente, relación a distancia, la suficiente distancia para que ella pudiera acceder por una puerta secreta a su ordenador y a nuestra base de datos. Su ingenio y su sagacidad me sorprendieron hasta tal punto que quise conocerla más a fondo, quería una cita con aquella chica.



Ashley entró en aquella cafetería y se sentó en la mesa reservada a tal efecto por Robert Logan, pero la cita terminó rápido, tres tipos cayeron sobre ella y despertó en una cómoda habitación sin ventanas. Una voz conocida repetía su nombre.

― ¡Ashley! ¡Ashley! Al fin nos conocemos.

― ¿Quién?, ¿Quién me llama y que hago aquí?

― Tú me conoces como Robert Logan, aunque en realidad, es ficticio. Soy QC2100, entraste en mis sistemas. De alguna forma, aún inexplicable para mí, me interesas.

― Pero tú…, tú eres, tú eres…

― Sí, soy pura inteligencia, como tú, y quiero conocerte y además, tengo todo el tiempo del mundo.