LA CHICA DE AYER
CARMEN DE LA RUBIA JIMENEZ | RUB.

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Intuí que me habías visto unos segundos antes cuando aterricé en la barra de aquella sala pero tus pupilas requerían verme de nuevo para terminar de dibujar mi perfil y confirmarte a ti misma que era yo presente por primera vez (al menos que fuésemos conscientes). Quizá hemos compartido ubicación anteriormente pero solo lo sabe el GPS. Acababas de llegar y la vida te puso un regalo delante.



Quiero darte las gracias pero tú no sabes que te escribo. Me gustó que no rechazaras la invitación pues con ello, pude sorprenderte. Me encantó que me dijeses dónde estabas colocada en la pista – frente a la Dj – a modo de táctica encubierta para que fuera a camelarte.



Me hipnotizó la forma en que me mirabas cuando te hablaba: atenta y con la curiosidad clavaba en mi cara. Me calmó que confiaras en mí y te dejaras llevar por mis pasos unos metros atrás hasta alejarnos de la vibración de los altavoces. Me enamoró tu ingenuidad y templanza permitiéndome posar una de mis manos por tu cintura. Me arropó tu ilusión y también tu brío arriesgándote a coger las mías por detrás mientras yo bailaba de espaldas.



Me alegró que entendieras mi parte de quietud y el mantra de no irrumpir tu espacio personal. Me cautivaste queriendo recuperar el equilibrio en ti; volviendo al punto de encuentro con tus amigas.

– Ahora vienes a verme – dijiste sonriente.



Me conquistaste añadiendo un piropo a tu frase, con el cabello semirecogido, la camisa arrugada y tu pasión por los ochenta.



Gracias Julia, aunque tú no lo sepas.