LA CITA CASI PERFECTA
VIRGINIA LÓPEZ SÁNCHEZ | VIR_ESCRIBE

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Era martes y 13, y por si eso fuera poco ¡estábamos en febrero! Qué más le podría pasar a Laura. Estaba a las puertas de San Valentín sin pareja, sin acabar de adaptarse a eso de estar soltera, y rodeada de corazones en el trabajo.

¿De verdad era necesaria tanta decoración para un día? Eso es lo que pensaba mientras doblaba camisetas en la tienda de ropa en la que odiaba trabajar, pero pagaba las facturas.

A pesar de todo, se había propuesto no pasar sola el día siguiente y estaba dispuesta a lo que fuera por conseguirlo. Hasta a hacer caso a su compañera veinteañera que le había organizado una cita con su padre.

Se lo había vendido como un madurito interesante, y aunque Laura tenía 35, esa descripción le parecía perfecta. Seis meses soltera ya le habían dado para cansarse: del Tinder, de aprender por experiencia qué significa “ghosting”, de esforzarse por sacar conversación en citas incómodas, y de niñatos que solo quieren: poliamor y relaciones abiertas.

A las nueve en punto estaba en la puerta del restaurante esperando, puntual como siempre. No quería entrar sola y que quizá le dieran plantón, eso ya le había pasado antes. Así que a pesar del frio de la noche madrileña esperó estoicamente a su cita en la calle.

Las 21:05, las 21:15…

¡Otra vez no, por favor!

Laura estaba a punto de irse cuando vio aparecer a su cita. Se disculpó tantas veces por el retraso, y era tan atractivo, que pronto se le olvidó el tiempo que había estado esperando.

Entraron y se sentaron. El lugar elegido, un restaurante en Chamberí, era perfecto para una primera cita: romántico y con comida deliciosa.

La conversación fluía a la vez que la botella de vino iba bajando y, antes de los postres, Laura ya había decidido cómo quería acabar la noche.

Llegó el momento de la cuenta, ese momento en el que últimamente no sabía ni qué hacer, si pagar a medias, dejarse invitar o pagarlo todo. Su acompañante se lo puso fácil, cogió la cuenta y sacó su tarjeta en cuanto el camarero la dejó en la mesa.

Laura sonrió, le dio las gracias y le dijo que la próxima invitaba ella. Estaba que ni se lo creía, ya eran las 23:45, casi San Valentín, y estaba en la primera cita perfecta.

El restaurante tenía una zona de coctelería, así que se trasladaron a la barra a tomar la última. El vino había hecho su efecto, y estaban achispados.

Cuando aún estaban decidiendo qué tomar, una pareja de policías nacionales apareció en la puerta. El camarero señaló la barra y Laura se puso nerviosa. Su cita estaba de espaldas, así que no vio nada.

Los nacionales aceleraron el paso, le leyeron sus derechos y esposaron al madurito ahora ya no tan interesante. Había pagado la cuenta con una tarjeta robada.…

Uno de los policías se dirigió a Laura: ¿Ahora también sales con ladrones?

Su ex acababa de detener a su cita perfecta.