LA CITA QUE TENÍA QUE SER Y EL AMOR QUE FUE.
CLARA TERESA LÓPEZ ALBERO | CAMPOAMOR

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Me miro en el espejo, estoy preparada.

Miro mi muñeca: 58:36.

La cuenta atrás no se detiene.

Ayer se borró la cuenta de los días y pasó a ser una cuenta de horas. Hace poco pasó a ser de minutos.

Tomo aire, llenándome de valor.

Me quedaban 58 minutos para conocer mi alma gemela.

En este mundo todos tienen una, el tiempo en su muñeca les indica cuanto falta para encontrarte con esa persona. A pesar de esto, algunas personas no se casan ni inician una relación con su alma gemela, esto se debe a que las familias de alta cuna casan a sus hijos con los hijos de otras familias de bien, sin importar quien sea su alma gemela.

Pero a veces el destino no es cruel, a veces resulta que tu alma gemela sí es conveniente para tu familia y entonces todo es perfecto.

Sonrío ante mi espejo; ese va a ser mi caso.

Mi familia lleva tiempo intentando que yo conozca al hijo de un amigo de mi padre, ambas familias somos de alta cuna, sin embargo, es un hombre ocupado y trabajador. Pero justo hoy tiene un hueco para conocerme, y coincide con el tiempo de mi muñeca.

Estoy ansiosa, las manos me sudan y los nervios de apoderan de mi cuerpo, pero estoy feliz.

Feliz porque voy a conocer al amor de mi vida, con quien pasaré el resto de mis días, un hombre de buena familia, aceptado por la mía.

El destino no podría ser más perfecto.

El chófer me lleva hasta allí, pero la policía lo detiene para un control una calle antes de llegar.

Miro mi muñeca, la ansiedad llenándose en mi pecho “04:12”.

Me bajo y le indico al chófer que iré andando.

Acelero el paso con la respiración agitada, tengo que llegar antes de que se acabe el tiempo, tengo que mirarle a los ojos cuando el contador llegue a 0.

Mi móvil suena.

Me ha llegado un mensaje.

Lo leo.

“Estoy dentro” .

El corazón me late en los oídos.

La cafetería está cruzando la calle.

Miro mi muñeca: “02:36”. Camino todavía más de prisa, casi corriendo.

Llego a un semáforo en rojo.

“00:35”.

Tengo que cruzar.

Cruzo casi sin mirar, veo una moto que se dirige a mí por el rabillo del ojo, contengo mi respiración.

Por suerte frena en seco, poso mi mano en la delantera de la moto y pego un saltito hacia atrás.

Sigo viva.

Un hombre alto y corpulento se baja de la moto.

“¿Sabes que hay que mirar antes de cruzar?”

No le hago caso y miro mi muñeca, “00:02”

Mi mirada vuelve a posarse en el motorista.

No tiene el casco puesto

Nuestros ojos se encuentran.

Mi muñeca me da un calambre, haciéndome saber que he encontrado a mi alma gemela.