977. LA CLAVE DE LA VIDA
Cristina García Fernández | Yumei

Algunos dicen que se levantan con el pie izquierdo, y es la excusa para dar sentido a los días en los que deseas no haberte levantado. Pero, cuando parece que lo primero que salió del útero de tu madre fue precisamente el pie izquierdo y que nada desde ese momento salió bien, ¿sirve también de excusa para todas las malas decisiones que vas a tomar consciente e inconscientemente a lo largo de tu vida? ¿Puede ser esto considerado incluso un vacío legal?
Si algo me caracterizó siempre fue mi sentido del humor: ¿me deja mi novio de cuatro años por una chica más joven, más guapa, y más rubia? Chupito. ¿El trabajo precario no me da para independizarme? Chupito. ¿Mis amigos siempre tienen algo mejor que hacer que yo? Chupito. ¿Empiezas a comprender que lo que sientes en la tripa es ansiedad y no hambre? Chupito. Bueno. Igual lo mío no es sentido del humor precisamente, y estás ya buscando la forma de enviarme sutilmente la dirección de Alcohólicos Anónimos.
El mismo día que cumplí los 25, una crisis existencial (sí, he empezado pronto con las crisis existenciales, te puedes reir pensando en todo lo que queda por venir) se adueñó de mi ser, y me sentí una auténtica filósofa del siglo 470 A.C., con lo que me gusta a mí ser intensa a la par que dramática. Mientras el mundo se caía a cachos, yo me reía de mis desgracias con la de siempre, con esa amiga que es casi una hermana, y que entendía que mis reivindicaciones (que si el gobierno, que si el trabajo, que si la sociedad, que si la espinilla en la barbilla justo cuando tienes un evento) eran tan lícitas como importantes, y entre risas el mundo se aclaraba un poco, y esa noche me iba a la cama con una media sonrisa. No entera, pero media, porque una también es realista, a la par que intensa y dramática.
«Cuanto el entorno que te rodea se vuelve hostil, tu mente puede ser un auténtico infierno», le decía, y ella asentía, ella que me entendía porque vivía lo mismo. Porque la presión existe para mí, para ella, y para tí. Pero, lo que no saben, es que contamos con el arma más poderosa que no nos pueden quitar por mucho que se empeñen: la risa.
Y ese día nos reímos de ella, de mí, del meme de turno, y de todas las desgracias que en algún momento nos ahogaron, y que ahora son las mejores anécdotas y las que más repetimos, porque nos hacen la misma gracia que el primer día que las contamos. Porque ojalá nunca dejemos de reirnos. Por todo. Y a pesar de todo.
¿Habremos encontrado, sin darnos cuenta, entre risa y risa, la clave de la vida?