349. LA CUEVA
Gloria Mª Bosch Maza | VIRGINIA WORD

“Duérmete niña duérmete ya, que viene el coco y te comerá”. No puedo más, estoy hasta las narices del coco y de esta ridícula canción. Si vuelve a cantármela no respondo. Como no salga pronto me voy a volver loca y es que no puedo evitarlo, cuando me da el ataque de ira le doy unas cuantas patadas pero ella ni se inmuta, sólo escucho del otro lado una risa nerviosa entre el dolor y el placer.
No sé que estará pasando allá fuera pero algo gordo se cuece. Aunque me paso la mayor parte del tiempo durmiendo, a cierta hora de la tarde, ella se desplaza hacia algún lugar y se pone a aplaudir muy fuerte, mientras suena una música repetitiva y gritos de gente a lo lejos, también aplaudiendo. Después vuelve a desplazarse y solo oigo su voz, salvo algunas noches que suenan ruidos extraños de alguien que duerme junto a ella. Yo ya no sé qué hacer para llamar su atención pero no es justo que lleve aquí dentro tanto tiempo y no sepa qué demonios pasa. He tenido mucha paciencia pero se me va acabar. Los toquecitos en el techo tampoco los aguanto, aunque sean suaves. Mucha tontería y mucha risa tonta pero aquí la compuerta no se abre.
Hace unos días la oí hablando con el de los ronquidos y le decía que tuviera paciencia, que quince días más pasan pronto y que del estado de buena esperanza hemos pasado a un estado de alarma. Tengo que reconocer que ella tiene mucho aguante y que su vientre da bastante de sí pero todo tiene un límite. Como sigamos así no voy a resistirlo, además aquí tengo mucho tiempo para pensar y me como la olla.
Aunque comida no me falta y no he de preocuparme de nada yo tenía previsto nacer en primavera, no en verano ni en otoño. ¡Con lo que me ha costado llegar hasta aquí! pero aviso cuando salga me van a oír. Del berrido descomunal que voy a pegar no se salva nadie. A mí sí que me van a aplaudir con ganas porque a este paso voy a parecer un fenómeno de circo.
Nueve meses son muchos meses para estar encerrada y encima con prórrogas. No sé qué futuro me espera fuera pero con lo que he ensayado aquí dentro, darle a la pelota puede ser un buen oficio y creo que muy bien pagado. Eso le escuché decir un día al energúmeno de la casa. Debe ser enorme porque cada día hace más ruido y ni dormir me deja. Solo me faltaba eso, confinada e insomne. Si me he de quedar quince días más me saco un máster de paciencia. Me dan ganas de cargarme al pesado que ronca y al coco y al que compuso esa canción de las narices que me dice todo el rato que me duerma. Como si fuera fácil con tanto bullicio. Ya me estoy estresando antes de salir. La que me espera.