1084. LA CÚPULA
Manuel David de Alba Pérez | Lolo S.

Aquella estructura era tan bella como mortal. Lisas paredes transparentes que se elevaban en un nudo atando sus destinos a la muerte. Hacía rato que el aire quemaba. El que quedaba.
– ¡Estamos atrapados! – dijo golpeando las paredes con desesperación.
Ferdinand asintió con melancolía, con la vista en mil sitios y su pensamiento en otros tantos.
– Esta estructura… -comenzó a decir.
– Cúpula- interrumpió Natalie.
– Cúpula, sí gracias, Natalie, ¿has aprendido la palabra hoy?
-De hecho, sí- constató Ferdinand- se la he enseñado yo junto con otras cuantas. No te metas con ella, ¿vale? Tiene al menos cinco días menos que nosotros, no es más que una cría.
Sintió la interrupción como una afrenta y el reproche como un insulto.
– ¿En serio Ferdinad? ¿En eso andas pensando en una situación así? ¿En aparearte con ella? ¿Te vas a hacer el machito delante de mí para que elija tu semilla? Ella va a morir aquí con nosotros de todos modos, así que, ¿de qué te va a servir?
Ferdinand lo miró con condescendencia usando al menos la mitad de sus ojos.
– Yo soy una hembra también.
El silencio se hizo sólido dentro del vaso y deseó que el aire se acabase justo en ese momento.
– ¿Y por qué te llamas Ferdinad? – alcanzó a decir.
-Pues porque me da la gana.
Natalie voló hasta lo más alto de la cúpula, por el simple placer de hacerlo. Ferdinand la miró y sonrió.
-Recuerdo cuando yo era así de despreocupada- suspiró.
– Vamos a morir.
-Todo el mundo lo hace.
-Pero vamos a morir antes de tiempo, no es justo.
– La mayoría piensa lo mismo, nunca es tiempo de morir.
– ¿Y no te da pena?
Natalia estiró sus alas y se frotó la cara, por el simple placer de hacerlo. Le encantaba.
– He vivido dos semanas -comenzó a decir – y han sido realmente maravillosas. He llegado a la mitad de mi vida habiéndola vivido al máximo, tengo un cuerpo joven y bello, estoy rodeada de caras guapas……
Se detuvo un momento para sonreírle a Braulio.
– …… y hay peores maneras de morir. ¿Has visto las que mueren envenenadas? No quiero acabar así, prefiero quedarme dormida en este bello lugar y no despertarme nunca más.
Braulio asintió tristemente. Sabía que llevaba razón.
– Tienes buen corazón, Braulio. Por eso te había elegido para recibir tu semilla.
Braulio abrió todos sus ojos a la vez y sonrió con auténtica felicidad. Deseó con toda su alma no morir allí. Tal vez lo deseó tanto que eso fue lo que tiró el vaso liberando a las tres moscas.
– ¡Libertad! -gritó Ferdinand.
– ¡Te quiero! -gritó Braulio.
– ¡Cúpula! – gritó Natalie.
Braulio batió las alas con fuerza intentando alcanzar a Ferdinand, pero poco a poco se fue quedando atrás. Ella se volvió y le lanzó una extraña sonrisa que podía significar desde “demuestra lo que vales” hasta “sólo estaba siendo amable” pasando por “en realidad sí soy un macho”. Justo después desapareció para siempre.
La evidencia le pesó tanto que simplemente dejó de batir sus alas y cayó. Empezaban dos semanas terribles para Braulio.