312. LA DENTADURA DE LA ABUELA
karla lizette rosas ruiz | karla

Una anciana centenaria sonriente de dentadura de oro, con su vieja perra y toda su familia, entraron a festejar su cumpleaños a un lujoso restaurant donde se podía leer. “LOS CLIENTES SON PRIMERO”.
Al ocupar la mesa, iniciaron las mañanitas y fotos de reporteros por tan gran acontecimiento. Raudo un camarero le llevó un gran hueso a la desdentada perra para que no molestara, la cual solo lo miró, pues por la edad no conservaba ni un solo diente.
Multitud de personas se acercaban a felicitar a tan longeva anciana, así como tomarse la foto.
-¡¡Pero levante la cara y sonría abuela! –gritó el benjamín de 6 años. Cuando lo hizo y sonrió, ya no traía la dentadura. Al instante un desconocido salió corriendo, y al poco varios comenzaron a perseguirlo.
-¡Hablen a la policía, le han robado la dentadura a la abuela! –gritaban varios de los ahí reunidos.
-¡Pero qué desvergüenza! –gritaban unos.
-¡Pero que descaro! –agregaban otros-. ¡Qué atrevimiento, robarse nada menos que una dentadura!, ¿Dónde abrase visto cosa igual?.
-¡Es el fin del mundo! –gritó una señora desde un rincón que armada con un florero en una mano y con la otra tapándose la boca, trataba de proteger sus bienes.
Una hora más tarde todos los familiares, varias patrullas, dos helicópteros y el total de reporteros en bicicleta perseguían por la ciudad al automóvil del sospechoso, mientras en el restaurant la abuelita junto con el benjamín seguían mirando como la anciana perra degustaba del suculento hueso, esto gracias a la dentadura dorada que la amable viejecita le había prestado, ya que ella aún no la necesitaba, porque en esta ocasión el cliente no había sido primero, ocasionando con ello, tremendo enredo.