1308. LA DESCALZADORA DEL (DES)AMOR
ALBERTO VÁZQUEZ GAITÁN | GUAU

EN TAN SOLO TRES DÍAS, CLARA DARÍA EL SÍ QUIERO A JUAN DIEGO TRAS SIETE AÑOS DE NOVIAZGO. TRES DÍAS, COMO TRES ETERNIDADES SE LE ANTOJABAN, TRAS LA DURA CARGA DE LAS INVITACIONES DE BODA, LA PRUEBA DEL MENÚ, LOS VESTIDOS…
SU HOGAR, UNA CASA UNIFAMILIAR A LAS AFUERAS DE MADRID, ALBERGABA BAJO SU TEJADO EL BUEN GUSTO, CON UN MOBILIARIO SELECTO, DE ÉPOCA. LA CAOBA Y LA MADERA NOBLE, CONTRASTABAN CON LOS ACABADOS DORADOS Y PLATEADOS.
ILUSIONADA, CLARA COMPARTÍA EN SUS REDES SOCIALES SUS ÚLTIMAS FOTOS, JUNTOS, PASEANDO POR EL RETIRO, VISITANDO SEGOVIA, CON LOS ABUELOS DE ÉL, JUNTO A LOS SUCULENTOS PLATOS QUE COMIERON EN UN MESÓN AL PIE DEL ACUEDUCTO.
AQUELLA MAÑANA, CLARA TERMINÓ EL TRABAJO MÁS TEMPRANO QUE NUNCA, NO PUDIENDO VENCER LA TENTACIÓN DE MONTARSE EN SU COCHE PARA IR AL QUE SERÍA EN POCOS DÍAS SU NIDO DE AMOR JUNTO A SU FUTURO ESPOSO.
EN EL ASIENTO DEL COPILOTO, UN HERMOSO JARRÓN QUE SU COMPAÑERA TERE LE HABÍA REGALADO ESA MAÑANA EN LA OFICINA, CON LOS MEJORES DESEOS DE UNA FELICIDAD DE MIEL JUNTO A JUAN DIEGO.
APARCÓ CERCA, A POCOS PASOS DE LA PUERTA DE SU CASA, VIENDO, PARA SU SORPRESA, QUE EL COCHE DE JUAN DIEGO ESTABA APARCADO APENAS A DIEZ METROS DE DISTANCIA, DECIDIENDO CON MALICIOSA SONRISA DARLE UN PEQUEÑO SUSTO AL ENTRAR EN SU RECIÉN ESTRENADO HOGAR.
SIGILOSA, CLARA ENTRÓ EN LA CASA, ESCUCHANDO A LO LEJOS UN RUIDO CONTINUO, DE MUELLES, CUAL SI ALGUIEN SALTASE SOBRE EL COLCHÓN DE SU CAMA. SONIDO QUE SE MEZCLABA CON EL JADEO CANSADO DE SU PROMETIDO.
TRATANDO DE NO HACER RUIDO, CLARA AVANZÓ LOS ESCASOS METROS QUE LA SEPARABAN DE LA FUENTE DE AQUELLOS SONIDOS, TRAS SUBIR LENTAMENTE LOS ESCALONES QUE SEPARABAN LA PUERTA DE ENTRADA DE LOS DORMITORIOS.
SE ASEMEJABAN SUS OJOS AL DOS DE OROS, CUANDO DESDE LA PUERTA DEL QUE EN POCOS DÍAS SERÍA SU DORMITORIO MATRIMONIAL, CONTEMPLÓ LA IMAGEN DE JUAN DIEGO, MORDIENDO LA ALMOHADA DE LA CAMA, MIENTRAS POR LA ESPALDA LO ABRAZABA SUDOROSO UN HOMBRE DE UNOS CINCUENTA AÑOS VESTIDO DE CUERO.

– CLARA, CARIÑO -DIJO JUAN DIEGO LEVANTANDO LA CABEZA MIENTRAS VEÍA EL ROSTRO HORRORIZADO DE CLARA-. ESTO NO ES LO QUE PARECE.

SIN MEDIAR PALABRA, CLARA COGIÓ SIN APENAS ESFUERZO UNA DESCALZADORA CON PATAS DE CAOBA, TAPIZADA EN CUERO, QUE PODRÍA PESAR MÁS DE TREINTA KILOGRAMOS, ARROJÁNDOLA CON TODAS SUS FUERZAS CONTRA TAN INIMAGINABLE ESCENA QUE ANTE SUS OJOS SE PROYECTABA.

– CLARA POR DIOS -EXCLAMABA JUAN DIEGO ESQUIVANDO AQUEL MUEBLE, QUE CHOCÓ CON UNA VERTIGINOSA VELOCIDAD CONTRA LA PARED DEL DORMITORIO, PROVOCANDO UN ESTRUENDO QUE RETUMBÓ EN TODO EL BARRIO.

COMO UNA FIERA, LA POBRE CLARA SALIÓ HUYENDO DEL QUE SERÍA SU HOGAR, TAL COMO HUYÓ POR LA VENTANA DESNUDO LA ESPORÁDICA PAREJA DE SU PROMETIDO. JUAN DIEGO LE ROGABA QUE VOLVIESE, JURÁNDOLE QUE NO ERA LO QUE PARECÍA.
Y EN UN RINCÓN DEL DORMITORIO, CON SUS PATAS DESENCAJADAS, DESCANSABA LA DESCALZADORA QUE PUSO FIN A TAN BELLA HISTORIA DE AMOR.