LA ESPERA
Fernando Abella Jover | ferabeljo

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Habían acudido ilusionados como dos niños en la mañana de un seis de enero. Ambos estaban nerviosos, bastante, con el sudor frío recorriéndolos el cuerpo lentamente, dejando su huella silenciosa en sus espaldas como un caracol deja su rastro al deslizarse por una superficie cualquiera.

La tensión había crecido a cada segundo desde que habían llegado, haciendo de la espera casi una eternidad que trataban de sobrellevar con el débil roce de sus manos que se buscaban nerviosas mientras se buscaban con sus miradas y sentían las respiraciones lentas, pesadas a ratos, el nervioso golpeteo de los pies de ella en el suelo, moviendo ambas piernas como si fuera un tic nervioso, la garganta seca de él que la miraba con una sonrisa en la boca y deseando que terminara ya ese momento para poder salir corriendo y contarlo a todo el mundo, cada instante, con pelos y señales.

El lento paso de las agujas del reloj en sus muñecas, que casi atronaba en sus oídos, les hacía empezar a ponerse más nerviosos, a sonreírse con una mezcla de complicidad ingenua y miedo a lo que viene a continuación.

El tiempo se hizo eterno, pero en un abrir y cerrar de ojos, se dieron cuenta de que había llegado el momento crucial de aquella cita y por fin, entraron juntos en aquella habitación suspirando antes de sonreírse. Con nervios, tras notar el frío suelo bajo sus pies descalzos tras quitarse las botas y los calcetines es, ella se desnudó lo justo ante la nerviosa mirada de él y después se acomodó lentamente y, cerrando los ojos, sonriendo por sentir que llegaba por fin el momento que tanto ansiaba en ese día, se dejó hacer sintiendo el frío recorrer su piel. Conteniendo la respiración unos breves segundos, cerró los ojos y tras un instante que pareció interminable, aquella estancia se llenó del nítido y claro sonido del latido de un solo corazón que atronaba los oídos de ambos. Sonriendo felices, sus ojos se llenaron de lágrimas cuando la doctora, en aquella primera cita para su primera ecografía, les confirmó que el hijo que venía, lo hacía totalmente sano.