102. LA ESTANTERÍA
María Luz Mota Mejías | LUZ VERDE

Hace tres noche decidí salir a mirar en los contenedores de basura para ver si encontraba una estantería que me hacía falta . Terminé mis estudios y voy a montar una consulta de psicología, pero como no dispongo de muchos recursos, prefiero reciclar.
He alquilado una habitación en un piso donde trabajan otros profesionales: un masajista, dos costureras y un brujo que echa cartas del Tarot.
No tardé en encontrar la estantería. No estaba limpia pero tenía buen aspecto y un tamaño adecuado para poder trasportarla por mí misma. Así que, poco a poco, la llevé a mi habitación-consulta y la fregué, raspé y preparé hasta que estuvo saludable. Tenía muchas ganas de preparar todo y esperar la llamada de mi primer cliente.
Esta mañana llegué ansiosa y al entrar observé atónita que allí no estaba.
— ¿Pero dónde está mi estantería?— Grité.
Nerviosa me llegué a la habitación de las costureras y ellas no tenían ni idea. Debían entregar un pedido de trajes de flamenca en dos días y se puede decir que casi no me miraron a la cara cuando entré.
El masajista tenía un cliente. Me hizo señas para que callara cuando abrí su puerta preguntando a voces por mi estantería. Me dijo no haber visto nada.
Agitada, fui a la habitación del brujo, ¡menos mal que estaba solo!, .Me dijo que que me calmara .Le conté todo el proceso de búsqueda de la estantería , el cómo la había traído acuestas desde los contenedores de basura, como había subido las escaleras sola con ella y todo el trabajo de limpieza y raspado ,y que ahora ¡no estaba!.
Mira, me dijo el Brujo, como la puerta tiene llave y la ventana tiene rejas es muy difícil que te la hayan robado, o mejor dicho es difícil que te la haya robado alguien de fuera .Ha debido de ser alguien de dentro o alguien que tiene llave .Vamos a echar las cartas a ver qué nos dicen , nunca fallan.
El brujo me echó las cartas y me dijo que el ladrón era un hombre moreno, valiente y guerrero. Después me cobró 10 euros por ser vecina, ¡que él llevaba 30 euros! me dijo. Mientras me lo decía yo pensaba, el masajista es rubio y aquí el único moreno es él, no tendrá la cara de decirme que es él a través de las cartas y luego cobrarme…Salí de allí con la sospecha.
Estaba tan desconcertada que me fui a dar un largo paseo. Al volver a mi habitación-consulta, vi la puerta abierta y al entrar me encontré una gran estantería, ¡preciosa! , que mis compañeros de piso habían comprado en una tienda de muebles. Ellos, conociendo mi necesidad, le habían pedido la llave al casero para darme la sorpresa.
Al lado estaba también la estantería restaurada a la que dimos aplicación, colocándole en el baño que todos compartíamos.