1236. LA FALDA Y LA RAJA
Bárbara Sánchez Ramos | Beatriz Klein

Lo único que había en el armario cuando Blanca lo abrió era la falda. La de la raja. No se la había vuelto a poner desde que lo dejó con Alberto porque, desde que lo dejó con Alberto, Blanca salía siempre sola a la calle. Y una sabe los comentarios que se escuchan cuando se sale sola a la calle. Pero la falda y la raja eran lo único que tenía limpio ese día en el armario. Y le apetecía ponérselas. Las dos, la falda y la raja. La falda, que era de color frambuesa y diminuta, y la raja, que subía recortando centímetros por su muslo izquierdo. De haberlo sabido, quizás no se la hubiera puesto. O quizás sí, porque la culpa no fue suya. La culpa fue de la falda. Y de la raja. Así lo sentenció el juez. Pero antes de que el juez tuviera que sentenciar nada, antes de que tuviera que medir la largura de la falda y la profundidad de la raja, ocurrió lo del coche.
El coche era un Ford Escort. Circulaba a toda prisa por el centro de Cornellà a las 7:40 post meridiano. El coche, que era un Ford Escort y que circulaba a toda velocidad por Cornellà, se encontró con Blanca, y con la falda y con la raja, en la parada del autobús. Allí estaba Blanca esperando al 141. Y allí estaba el Ford Escort. El conductor con las manos en el volante y el conductor con los ojos en la falda, aunque más bien en la raja. Allí estaban los dos. Allí estaban los tres, en realidad. Blanca, con la falda y con la raja, en la parada del autobús. El conductor en su Ford Escort. Y aquel Seat Panda que se le cruzó.
El semáforo se puso en rojo, pero el de las manos en el volante y los ojos en la falda no se pispó. Dos segundos después, así quedó registrado en el atestado policial, el Seat Panda se había tragado el parachoques del Ford Escort. Ya digo que la culpa no fue de Blanca. Un mes más tarde, el titular del juzgado de lo penal número 3 de Cornellà dictaminó que la culpa del tremendo piñazo había sido de la falda, y sobre todo de la raja, pero no de Blanca, en absoluto era culpa de Blanca. Sin embargo, se daba la circunstancia de que la falda y la raja eran insolventes. Y Blanca, esto también lo dijo el juez, debía ser declarada responsable subsidiaria en aplicación del artículo 53 del Código Penal. Así que a pesar de su inmaculada inocencia, fue Blanca quien tuvo que pagar la multa. Y también la reparación de los dos coches, la del Ford Escort y la del Seat Panda. Porque aunque la póliza del seguro cubría un montón de cosas, desde luego que no cubría un siniestro de tráfico provocado por una falda insolvente de cuestionable largura y por una raja, también sin fondos, de peligrosa profundidad.