LA FAROLA
REKA REFOJOS GONZALEZ | KUYFOX

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Nicasio Alcubo Cuadrado, alias “el mellado”, es un hombre paciente donde los haya. No me refiero a que sea una persona tranquila y pausada, que también. No. Nicasio, el mellado, es mucho más que eso. Él es EL PACIENTE, así, en mayúsculas. Nicasio, los lunes es paciente de la doctora Minguez en su consulta de urología. Los martes acude a su médico de cabecera . Jueves, es el día del traumatologo. El de la Seguridad Social, que lo conoce desde niño. El viernes, como los futbolistas, toca fisio: baño y masaje. Sábados y domingos no sale de casa, no vaya a ser que el demonio ande suelto y le suceda cualquier percance, que no debe uno saturar demasiado el sistema sanitario.

¡Ah! ¿Nos hemos olvidado del miércoles? No. El miércoles es el día más especial. Es el día de la visita al doctor Akif Yildirim. Es el día del seguimiento al cultivo capilar que el afamado especialista turco ha hecho a partir de los cuatro pelos que pudo extraer de la bola de billar que tiene por cabeza.

−Vamos progresando, señor Alcubo. Vamos progresando adecuadamente −le dice cada miércoles el “peluquero” otomano, mostrándole las placas de Petri donde se supone que los folículos fortalecerán la raíz y se “reproducirán” para volver a poblar su cuero cabelludo.

Una pasta gansa se lleva el turco con cada visita de su alopécico y mellado paciente.

En pocas palabras, Nicasio Alcubo es un paciente muy paciente, así, al cubo. Técnicamente hablando diríamos que es un hipocondríaco. En lenguaje coloquial diríamos que… pues que también, sin duda. Y sin embargo hay uno al que su subconsciente (y pánico añadido) le impide acudir: el médico estomatólogo. Su dentista.

A Nicasio la cosa le viene de lejos. De muy lejos. La víspera de su onceavo cumpleaños, después de una semana de quejas, llantos y lamentos, su padre lo llevo a la clínica dental para taponar la media docena de caries que le estaban amargando la vida al chaval. Corría el año 72 y la educación higiénico-dental de la época dejaba mucho que desear. El rapaz salió de aquella consulta con más parches que una carretera comarcal en el mes de agosto. Nicasio lloraba como la Magdalena en viernes de Pasión. Su padre, Nicasio como su hijo, decidió llevarlo a General Óptica y compensarlo regalándole sus primeras gafas de sol. Al chiquillo se le fueron todos los males cuando se vio al espejo con aquellas Ray-Ban Aviador de cristales verdes. «¡Redios! Voy a ser la envidia de todos cuando llegue al barrio», pensó.

¡Quince segundos, cuatro décimas y veintitrés milésimas!

Ese fue el tiempo exacto que le duraron a Nicasio Alcubo sus primeras gafas de sol. Ese fue el tiempo exacto que tardó el chaval en estrellarse contra la farola que había delante de la puerta del comercio. Ese fue el tiempo que tardaron en caer al suelo los restos de las Ray-Ban y los dos incisivos superiores . Ese fue el nacimiento del mellado.