1562. LA FELICIDAD, ES UN CHORIPÁN
Francisca Bodí Roig | Francis Bodí

Ahí estaba Doña Paquita, como cada mañana, regando las plantas con sus ondas plateadas impolutas. ¡Y qué plantas!, majestuosas, todas en flor, -miré con desdén mi potus raquítico que colgaba de la librería casi pidiendo morir-. Doña Paquita me miraba entre los visillos y yo sabía que me juzgaba, erguida, dura, con su mirada altiva por encima de las gafas.

El ruido de la cafetera me sacó de mi ensimismamiento y allí estaba yo, en bragas, con calcetines y con jersey de lana, pero lo peor es que había dormido con ese jersey, no conseguí acabar de desnudarme para ponerme un pijama como la gente normal. No estaba bebida, ¡peor!, es que no podía con mi vida.

Últimamente, no podía con nada, las cosas simples como sacar la basura se me hacían enormes, después me sentía mal por no cumplir tareas tan simples y me desmoronaba aún más, y así alimentaba el círculo vicioso.

En un arrebato de autocompasión cogí mi café con fuerza y juré que antes de acabar el día, saldría empoderada y fuerte a recuperar mi vida. Así que me recogí el pelo, respiré hondo y me metí en internet.

Tres charlas motivacionales más tarde, tenía una lista de cinco cosas que hacer para lograr mi objetivo: clase de yoga online, meditación para el chakra corazón, tomar un batido verde, baño de plantas sagradas y aprovechar la energía astrológica disponible.

Empecé la clase de yoga. Después de medio saludo al sol y dos calambres en la pierna izquierda, decidí pasar a la meditación con un audio que decía así: – respira profundo, visualiza una luz verde en el centro de tu pecho que se expande y escucha el sonido de tu corazón, pum, pum…, pum, pum…, ¿Lo oyes? Yo no oía absolutamente nada, ¿qué significaba?, ¿se me apagaba la vida?, ¿ya no tenía corazón? En un intento de distraerme de aquel nuevo malestar me decidí por el batido verde. Medio limón con moho y una cerveza de importación es todo lo verde que encontré en la nevera.

A esas alturas empezaba a sentirme un poquito peor si cabe, pero lo del baño me parecía la mejor de las ideas. Preparé la bañera, encendí velas, un incienso y entonces leí la lista de plantas sagradas que saqué de internet: murajes, fresno, cardo mariano y ajenjo. ¡Agárrate Catalina!, y claro, abrí mi despensa y encontré: orégano, laurel, pimienta y ajo en polvo. Además, mi horóscopo decía que mercurio estaba retrógrado.

Con lágrimas en los ojos y un temblor incontrolable en la barbilla, estaba a punto de rendirme cuando, de pronto, sonó el timbre. ¡Mierda!

Abrí la puerta muy despacio y expectante y allí estaba ella, Doña Paquita, toda digna y reluciente, iluminando el rellano como la Madonna. Una mano en la cintura y en la otra un plato con un Choripán humeante, y ofreciéndome ese manjar con cierta complicidad, me dijo:
– está recién hecho y cuando lo muerdes saca un juguito aceitoso que te chorrea por el labio. Y eso mi niña, eso, es la felicidad.