416. LA FIESTA SORPRESA
Gustavo Jiménez Limones | GusLemon

Ocho de la mañana. Hoy es mi cumpleaños. Cuarenta, una cifra que debería ser importante pero que a mí me trae sin cuidado. Ni me levantaría de la cama, pero tengo que ir a trabajar.
Como venganza a la terrible rutina que me espera me voy a vestir sin ganas. Bambas viejas, tejanos y camiseta, así, sin conjuntar. Ni siquiera pienso pasar por el lavabo a afeitarme o peinarme. De la ducha ni hablemos. Un portazo y a currar. Aunque, un momento, ¿y si alguien me ha preparado una fiesta sorpresa? ¿cómo voy a ir así? Mejor vuelvo y me peino un poco y ya que estoy me pongo una camiseta que al menos no esté rota, pero sin conjuntar. Portazo y al tajo. Pero ¿y si me llevan a un restaurante? No puedo ir con estas bambas. Están rotas y se me ve el dedo gordo ¿qué va a pensar la gente? Voy a volver a ponerme las nuevas, pero sin conjuntar. Portazo y a por faena. Porque ¿después no iremos a ninguna discoteca, no? No me dejarían entrar con bambas y camiseta. De acuerdo, vuelvo por última vez. Tengo la camisa y los zapatos que me puse en la boda de mi primo. Sí, mucho más adecuado. Menos mal que los tejanos me siguen dando un toque informal. Portazo y al lío. Porque no se les habrá ocurrido llevarme a un restaurante de lujo ¿verdad? No quiero ser el único que no va de etiqueta. Mira, vuelvo y me pongo el traje, pantalones y americana, pero sin corbata, casual. Portazo y a trabajar. Aunque en muchos restaurantes es obligatorio llevar corbata. Está bien, vuelvo y me la pongo ¿Dónde estaba? ¡Aquí! Perfecto. Portazo y… Solo espero que no venga Marisa, pero ¿y si viene? Tengo que afeitarme. A ver si me va a querer felicitar con un beso y le raspo la cara. Va, es un momento. Vuelvo y me afeito. Ya está, bien rasurado. Portazo y al lío. ¿Pero y si la noche promete más de lo que espero? Marisa últimamente está demasiado amable conmigo y el alcohol hace estragos. Tendría que ponerme desodorante, aunque lo ideal sería que me duchara. Venga, son dos minutos. Traje fuera y… ¿le gustará el pelo en el pecho? Mira, me lo voy depilar por si acaso. Ya está, un remojón, desodorante ¿Me echo gomina? Un poco, va. Y estoy viendo algunos pelillos saliendo de mi nariz. Yo tenía unas pinzas… Aquí están. Ya que me he puesto me quito también algunos de las orejas y el entrecejo. Vale, preparado, y que conste que mantengo mi espíritu rebelde, llevo calcetines rojos. Pero, ¿y si me cruzo de piernas y alguien los ve? Mejor negros ¡Listo para el fiestón! Portazo y a por todas.
Once cincuenta y nueve de la noche. Todo parece indicar que no hay fiesta. Creo que ya me puedo quitar el traje. Me pongo el pijama, pero sin ganas, así, sin conjuntar.