771. LA GENTE SOLO CONOCE A MOBY DICK POR EL CHISTE
Francisco Antonio Correa Rodríguez | Juan Tres Passos

¿Cuántas veces hemos escuchado, dicho, imaginado, referenciado, etcétera a esa imagen de la gran ballena blanca en el cuerpo de nuestro amigo? Me parece curioso, aunque no me sorprende que un fenómeno así pueda darse en España. Tengo grandes sospechas de que, incluso, nuestro amado caballero de la Triste Figura, todavía recordado por aquel amigo enfrentándose a la chica solitaria de la discoteca, antes de darse el batacazo contra las aspas, o, en su caso, menos literario, y más literal, a la frase: «Estoy esperando a mi novio… que fue al baño.». Este lejos de morir todavía.
Así conocí a muchísimas historias: El Principito por las llamativas e insulsas frases motivantes en posts de Instagram, Tumblr, Pinterest, nuestro difunto Tuenti… Por las que perdí la vergüenza cuando volví para borrarlas. ¡Qué maravillas encontré por ahí! Por ejemplo, gracias a mi vecino minorista, quien me enseñó a mi querida Alicia y al Conejo Blanco en una de nuestras numerosas incursiones a la Asociación de Amigos de la Jardinería.
O, a aquella Emma, quien me sedujo, y tras un viaje de verano, a mi vuelta, por algún motivo alguien redujo los marcos de las puertas mi casa. También el Lazarillo en los hilos de Twitter, el desolado Macondo en la periferia de mi ciudad, o el abandono de Chieko en mi vecina de arriba —Su padre era todo un Bukowski—.
Y sin embargo, aún hay un personaje que no encuentro. Una historia que, no sé, si el contexto o el miedo que podría producirnos reconocernos en él ha desbaratado nuestra memoria. No como mi tío, el urólogo, que era un valiente. Un hombre muy leído. Nunca ha tenido miedo y estoy seguro de que él sabría reconocer el nombre de esa obra. Pero… mañana lo llamo, porque hoy es viernes y sale y cuando sale, bebe. Es horrible, es como si se transformara en otra persona, chico.