780. LA GRAN COMPETENCIA
AMPARO CARBONELL CASTELLANO | ORAPMA

Iban llegando acompañadas de familiares o amigos acoplándose alrededor de la entrada, algunas se conocían y otras tan solo de vista. Al ignorar exactamente que hacían allí, empezaron a preguntarse unas a otras pero ninguna tenía ni idea de lo que les esperaba, se miraron de arriba abajo y todas iban acicaladas de la misma manera, con vestidos seductores, zapatos con altos y finos tacones.

Las citaron en el campo de fútbol a las ocho de la mañana. Al abrirse las puertas apareció un hombre robusto que llevaba unas hojas en la mano y empezó diciéndoles:

—Os hemos citado aquí, para continuar con las pruebas de selección, os sorprenderá el sitio elegido pero es una novedad. Ahora os iré nombrando y dando un número para que os lo coloquéis en el dorso.

Al llegar al número veinticinco, les dijo:

—En la pista os dirán lo que tenéis que hacer.

Una vez dentro, les explicaron exactamente en que consistía la prueba, se miraban asombradas, pero al oír por el altavoz el tercer disparo flexionaron las rodillas y salieron corriendo sin pensar en sus tacones. Tenían que patear la pista de fútbol, las veces necesarias, a la espera de conseguir el primer puesto. Sudorosas y aún absortas en la primera vuelta, las que caían por culpa de los tacones terminaban descalificadas. Una con toda su rabia tiro el zapato por el aire cayendo encima de la compañera provocándole una herida, se la llevaron a la enfermería acabando excluida de la carrera.

Al final dejaron entrar a los periodistas, que con sus flashes dirigieron la luz hacia los ojos de dos de las cuatro que quedaban, deslumbrándolas y provocando que chocaran entre ellas.

Quedaron dos, iban a la vez, se miraban de reojo con cara diabólica, una de ellas tropezó con un zapato tirado en el suelo, se agachó para retirarlo, pero en ese momento se le ocurrió lanzárselo a su compañera con todas sus fuerzas. Al recibir el golpe se tambaleó quedando fuera de la lucha.

La ganadora iba sonriendo despeinada, con un zapato en la mano cojeaba y de sus ojos salían lágrimas que junto con el sudor y la pintura oscurecían su rostro. Los periodistas no paraban de fotografiarla.

Al día siguiente en todos los periódicos salió la noticia, el momento en que el jurado le entregaba el premio: “un contrato de trabajo para tres meses en la Hamburguesería Mactofu”.