LA HISTORIA DE LOS OJOS QUE NUNCA VIERON
PATRICIA NEGREIRA COUSILLAS | PATO

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Los seres somos textos incomprensibles para quien no quiere ver. Nos decimos todo sin palabras sin embargo nunca conseguimos entendernos.



Esta es la historia de las Perins. Unos seres fofos y malformados que existieron hace millones de años. Carecían de rasgos faciales, por ende de receptores sensoriales. Sólo se relacionan con sus iguales de forma aleatoria e incontrolable. Su misión consistía en di-vagar por el espacio y tan sólo cuando chocaban con algo externo generaban una reacción en su cerebro que las llevaba a un momento de plena felicidad. Tan fuerte era que generaban un vínculo de por vida con todo aquello con lo que chocaban.

Vivían en su imaginación y lo único externo a ellas mismas era un abrupto golpe que podían percibir pero no reconocer. Tenían todo lo necesario para poder sentir, menos los sentidos.



Las Perins vivían con un anhelo de poder procesar y compartir todo aquello que dibujaban en su interior y saber como los otros seres con los que chocaban sentían esos golpes. Un día, todas desearon tan fuerte salir de la jaula de su cuerpo, dejar de imaginar todo desde una nada muy profunda y sentir algún estímulo externo, que unos pequeños cortes empezaron a formarse de dentro para fuera de esa masa corporal. Al cabo de lo que podrían haber sido milenios, los cortes generados ya habían atravesado todas las capas cutáneas y solo les faltaba abrirse.

Por su forma de existir no podían tener los cortes siempre abiertos ya que eso generaría una coartación de la aleatoriedad. Continuaban di-vagando por el espacio pero ahora, cuando chocaban con sus iguales los ojos se abrían y sorprendidas, cada vez lo que veían era completamente diferente. Nada

de lo que habían imaginado se parecía ni un poco a lo que estaban viendo.



Suponemos que algunas se preguntaban por qué pasaba esto. ¿Te acuerdas que te dije que los Perins se vinculaban con todo con lo que chocaban? Pues esta fue la clave para entender el por qué la visión era tan distinta en cada encuentro. Una Perins chocó con otra a la que ya estaba vinculada y al abrir los ojos, las visiones que recibieron las sintieron familiares.

Se dieron cuenta de que cada vez que abrían los ojos no era para ver, sino para ser vistas. Los cortes habían aparecido en su cuerpo para ser un reflejo de su interior y además de expandir la imaginación, poder vincular el conocimiento.



Las Perins nunca pudieron ver a través de sus ojos pero su misión pasó a ser construir la imaginación más bonita que podían imaginar para que todo aquel que la viera al chocar con ellas pudiera sentir una euforia incontrolable que funcionase de motor para continuar di-vagando por el espacio.



Es de suponer que probablemente el amor, el frenesí y la euforia tuvieron mucho que ver en

la desaparición de estos seres. Solo nos queda imaginarnos lo más bonito que podamos por

si acaso algún día se chocan con nosotras, poder regalarle nuestra mejor mirada.