450. LA HORA
MARÍA GLORIA LISBONA CABALLER | Gloria

Era una mañana de domingo, tranquila y fresca; se había despertado tarde y tenía mucha pereza. No había prisa en levantarse, así que seguía en pijama tirada en la cama mientras revisaba sus mensajes en el móvil.
De repente, miró el reloj y se dio cuenta que hacía media hora que se tendría que haber tomado la pastilla para la ansiedad.
Inmediatamente empezó a ponerse nerviosa.
Se levantó de golpe y abrió el cajón de las medicinas pero no las vio. Revolvió todos los medicamentos, los sacó uno por uno: las de dormir, las del colesterol, las vitaminas, los laxantes, las de las hemorroides, las de la acidez, pero las de la ansiedad no estaban.
Volcó el cajón. Nada.
Se agachó debajo de la cama y solo encontró pelusas del gato y polvo de una semana.
Arrimó los muebles, las cosas suelen esconderse en sitios insospechados. Tampoco estaban ahí.
Se levantó y con la mirada perdida trató de recordar qué había pasado ayer a esa hora. Pero había olvidado dónde las había dejado.
¿O es que había tirado el frasco?
Se fue corriendo a la cocina y recordó que los sábados bajaba la basura.
Empezó a sudar.
Miró el reloj y eran las 11, llevaba una hora de retraso.
Revisó por toda la casa, en la biblioteca, en el ordenador, en la nevera, buscó en el cesto de la ropa sucia, en el armario de los vasos, debajo del sofá. Nada.
Miró el reloj: hora y media.
Empezó a jadear. Se estaba quedando en blanco.
Decidió bajar a la farmacia pero cayó en cuenta que su farmacia no abría los domingos.
Los ansiolíticos no los venden sin receta, pensó, así que tendría que ver si tenía la medicación pendiente en la app y buscar una farmacia de guardia.
Intentó abrir la aplicación pero se le había olvidado el pin. Lo buscó en Notas, donde guardaba las contraseñas, pero no recordaba cómo lo había apuntado:
-¿SS?, ¿Médico? ¿Mi salud?
-¡Tarjeta sanitaria!
Lo encontró, metió los datos, esperó el código de verificación…
……Puede tardar unos minutos……
Miró el reloj, las 12.
Las manos le temblaban.
La pantalla se puso azul:
……NO TIENE TRATAMIENTOS PENDIENTES……
Su cuerpo temblaba, el móvil se le escurría de las manos por el sudor.
-¡Me voy a Urgencias! -gritó para darse valor.
Llamó al gato para dejarle comida por si acaso la tenían que ingresar o algo.
-¡Sigmund! … ¿Sigmund?
Ahora recordaba no haberlo visto mientras trataba de encontrar las pastillas.
Casi sin poder respirar se dirigió al único sitio donde no había buscado.
Se fue apoyando en las sillas del comedor, en la mesa, en el sofá, hasta que subió el pequeño desnivel que daba a la terraza.
Estaba a punto de desmayarse cuando se lo encontró, bajo un rayo de sol, imperturbable con el frasco de las pastillas entre sus patas.
Miró el reloj, eran las 12:30.
Llamó al 112 y se acostó a esperar junto al gato.