LA IMPORTANCIA DEL INGLÉS
ESTEBAN TORRES SAGRA | BÁMBOLA

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Marga y yo siempre vamos a la misma playa. Solemos ponernos cerca de la torre de vigilantes porque, aunque el guiri es pelirrojo y enclenque y en su pantalón caben tres o cuatro como él, el otro es atlético, moreno y guapísimo. Se le marcan los músculos del torso y el bañador casi no puede abarcar sus encantos. Ambas fantaseamos con que se nos acerque a alguna y nos proponga una cita.

De pronto, a mi amiga le entraron ganas de bañarse y salió corriendo hacia el agua:

– ¿Vienes?

– No, gracias. Está la bandera amarilla y me da miedo.

Al poco de entrar en el mar, a Marga se la llevó una ola, por lo que no tuve más remedio que pedir auxilio desaforadamente -al macizo, claro- mientras corría todo lo que daban mis piernas hacia la atalaya de los salvavidas.

Al instante, el muy cretino, sin ruborizarse siquiera, me confesó que no sabía nadar y que lo había contratado su tía, la concejala de tiempo libre.

Me puse histérica y estaba a punto de gritarle una retahíla de improperios, e incluso arrojarme sobre él con mis uñas afiladas, cuando me interrumpió para pedirme una primera cita en semejante situación, ¡será imbécil!

Le dije que sí, claro, con mi mejor sonrisa; e incluso, nerviosa como estaba, acerqué mis labios a los suyos y nos dimos un beso memorable.

A Marga, mientras, la salvó el inglés.