La intersección del conjunto vacío
María Concepción Orgaz Conesa | Kubelik

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De nuevo tarde. No puedo creer que, a mi edad, llegue tarde a una primera cita -pensaba ella mientras caminaba sin correr, por no llegar sudada.“Estoy a dos minutos” le había escrito desde el bus. Apuró más el paso y , por fin, le vio a lo lejos. No era como la foto que le había mandado. Se le veía más pequeño, más escondido en una camiseta que le quedaba grande. Alto , sí, y con pelo largo. Ella, que se había puesto un vestido bonito, se sintió fuera de lugar. Hola – le dijo- perdona la espera. Hola -dijo él- Te he comprado una botella de agua. Con la carrera y el calor, pensé que te vendría bien. Muchas gracias – dijo ella-¿Vamos? .Y sus ojos se encontraron por primera vez con el bullicio de la entrada al museo de música de fondo. Fueron a ver la exposición y comenzó «el baile». Miradas furtivas, medias sonrisas, nervios e ir conociendo cosas de alguien que te gusta. Fragilidad, emoción, ilusión, juventud del corazón que con igual intensidad ocurre en cabezas canosas y cuerpos maduros. Notaron ese aletear en el pecho, que estaba despertando tras un letargo impuesto. La cosa va bien- pensó él- la he visto sonreír mientras caminaba a mi lado, es buena señal. Y sonrió emocionado. Ambos estuvieron de acuerdo en ir a algún sitio a tomar algo. Él, del extrarradio, no se movía por el centro desde hacía años. Dejó que eligiera ella, que decía conocerlo. Al entrar les acogen la fragancia inigualable del lugar, las flores y objetos seleccionados que lo decoran y la luz cálida a medio gas: un ambiente que abraza e invita a quedarse. El tintineo de conversaciones ajenas, copas y platos en movimiento se escuchan cada vez más de fondo mientras ellos se miran con más curiosidad, deseo y duda. Ya sentados las preguntas fluyen con rapidez.¿Qué te apetece tomar? da paso a ¿Tienes hijos?¿Cuántos?, después de detalles graciosos del trabajo, Ella se anima a decir -Yo estoy separada desde hace más de un año. Él- Yo soy viudo. Mi mujer murió hace un año- .Silencio. Estupor. Incomodidad.Ella empezó a sentir un zumbido en los oídos. El sonido del lugar desapareció por un instante. La burbuja, explotó. De repente, fue muy consciente de qué hacer con su cuerpo. Se puso el chal, cogió su bolso y dejó que saliera desde su corazón su declaración de amor por sí misma -Me voy a ir. Siento mucho por lo que has pasado. Si aún la llamas tu mujer en nuestra primera cita, el sitio que me ofreces no lo quiero. Ha sido bonito empezar a conocerte. Él asintió en silencio, incrédulo. Fue capaz de articular un -Lo siento. Ella se puso de pie, dejó pagada su parte y se fue.Se dio las gracias a sí misma por ser capaz de reaccionar como lo hizo, por no empañar su vida con una historia de fracaso anunciado. Por priorizarse y salir a tiempo.