361. LA INVITACIÓN
Andres Serrano | Náufragoenlaluna

Me encanta recibir invitaciones de boda, sobre todo, esas en las que dentro del sobre viene una tarjeta con un número de cuenta.
Cuando la invitación de tu boda sigue el formato de la agencia tributaria o de la dirección general de tráfico, uno debe de saber que va por mal camino, pero aun así, esperan que estés agradecido.
La última boda a la que fui me costó 140 euros. Con eso vivo yo dos reencarnaciones. Nos pusieron de primer plato carpaccio de gamba. Eso significa, que para 132 comensales hay una sola gamba, esta se corta en láminas con un láser y sobra gamba para un fumet. Luego sacaron un jamón, cortaron seis platos, y se lo llevaron a otra boda, o al maletero del coche de los novios, pero desapareció.
Tengo un conocido que se casó porque quería que su abuela lo viera casado antes de morir. Una razón de lo más lógica para casarse. Había tanto amor en esa pareja, que la abuela lo vio casado y divorciado en menos seis meses. La mujer sigue viva, como no se dé prisa en “irse”, se come dos divorcios más y un bautizo.
Tengo otra amiga que dice que se va a casar, no porque quiera hacerlo, sino para recuperar todo el dinero invertido en las otras bodas. Eso sí es una buena razón.
Hay muchas situaciones ridículas y grotescas en una boda, pero nada como cuando los novios se vuelven de la Cosa nostra, y van mesa por mesa saludando, mientras reciben sobres con dinero. Yo una vez di un sobre en blanco con un “sigue buscando” en su interior. Me pareció gracioso. Después me enteré que la gente pone su nombre en el sobre para que sepan de su aportación “voluntaria”. Sólo había que tirar de lista de invitados para saber quién era el miserable. Yo.
Normalmente suelo beber muy poco alcohol, pero en las bodas me vuelvo un vikingo.
– Hola, me pone 17 chupitos de tequila en vaso de tubo y tres botellas de ron con cola.
Lo hago, porque sé que muchas de las botellas que hay en el bar las he pagado yo con mis 140 pavos, y quiero recuperar mi dinero lo antes posible.
Ahora está muy de moda poner un fotomatón en las celebraciones. Eso está bien para una comunión, pero no para una boda con barra libre. A la primera de cambio, ya te estás haciendo fotos con las gafas y un bigote en el palote (todo un clásico) y la nariz de payaso en el culo.
Al día siguiente, cuando cuelgan todas las fotos en una red social, y ves a la recién casada con la nariz de payaso puesta, o a la abuela del novio con las gafas y el bigote, te entran arcadas y remordimientos.
No tengo nada en contra de la gente que se casa, en serio, por mí lo pueden seguir haciendo, pero agradecería muchísimo que no me “invitaran” nunca más.